sábado, febrero 17, 2007

Crónicas políticas (I)

A veces conviene echar la vista atrás para entender mejor el presente o, incluso, para caer en la cuenta de que hay errores que se repiten cíclicamente. Quiero recuperar algunas de las crónicas políticas escritas en Deia a lo largo de los últimos años, aquellas que juzgo de mayor interés. La primera se publicó el 5 de diciembre de 2004, a menos de un mes de anunciarse la propuesta de Anoeta, tras la explosión de varias bombas colocadas por ETA en gasolineras de la Comunidad de Madrid.

La izquierda abertzale ante el espejo

«Cuando me da por pensar de noche en mis defectos, me quedo dormido inmediatamente», dijo Oscar Wilde, como si estuviera pensando en los dirigentes de la izquierda abertzale. Tras la explosión de cinco bombas colocadas por ETA en otras tantas gasolineras de Madrid, al portavoz parlamentario de Sozialista Abertzaleak, Arnaldo Otegi, se le ha ocurrido decir que «el conflicto sigue y nuestra posición es hoy mucho más válida que el día 14» de noviembre, en referencia a la propuesta hecha pública en el velódromo de Anoeta por parte de Batasuna. La onda expansiva de las explosiones parece haberse llevado consigo la rama de olivo imaginaria que blandió el propio Otegi en aquella jornada que algunos esperaban memorable. Todos los que acogieron la iniciativa con la esperanza de un cambio profundo por parte de quienes ven compatible la política con el terrorismo se han encontrado con la misma respuesta de siempre de la izquierda abertzale ante un nuevo atentado de ETA. Su dialéctica es tan perversa como acostumbraba, aunque el hecho de reivindicarla de forma tan ostentosa tan sólo veinte días después de dar a conocer una "propuesta de paz" le confiere un grado mayor de cinismo, si cabe. En realidad, Batasuna dijo pocas cosas verdaderamente novedosas en el acto de Donostia y, precisamente por ello, se trataba de comprobar si, al fin, algo cambiaba a la hora de gestionar proclamas grandilocuentes que, en algunos casos, no son sino el eco casi inaudible de compromisos incumplidos del pasado. Pero no. Los más crédulos ya saben a estas alturas que no va a ser la plena aceptación de las vías políticas y democráticas la que vaya a dar solidez a la iniciativa de Anoeta, sino que lo harán las bombas que coloque ETA. Según esta lógica aberrante, cuantas más explosiones y amenazas se produzcan más nítida aparecerá la necesidad de superar el "conflicto" y, en consecuencia, con más brillo resplandecerán los siete compromisos anunciados a bombo y platillo por la izquierda abertzale. No sólo eso. Otegi exigía ayer al resto de partidos que «hagan un velódromo y digan cómo solucionar el conflicto» y se dolía de que cada vez que se produce algún atentado de ETA «se somete a Batasuna al linchamiento político y mediático». A una estrategia que hace del engaño su señuelo se le suman así el autismo y el victimismo políticos en su más cruda expresión. Hace mucho tiempo que el resto de formaciones apostaron por encauzar sus legítimas aspiraciones a través de la adhesión ciudadana, aceptando plenamente la pluralidad que define a los vascos. Pretender sumarse con un cuarto de siglo de retraso a este principio intrínseco a cualquier sociedad democrática ya refleja una clamorosa incapacidad para aceptar la propia esencia de cualquier régimen de libertades. Pero hacerlo, además, no con vocación estratégica sino por un interés puramente coyuntural, como ya ha ocurrido en alguna otra ocasión, conduce sin remedio a convertirse en un guiñapo en manos del militarismo más recalcitrante y a perder incluso la confianza de gran parte de quienes alguna vez se la concedieron, como pudo comprobarse de manera fehaciente el 13 de mayo de 2001. Con estos antecedentes, tampoco cabe extrañarse de que todo aquel que censure la doblez de la que hace gala Batasuna sea acusado inmediatamente de ser un linchador mediático al servicio de las más abyectas conjuras diseñadas por los "enemigos del pueblo vasco", siempre al acecho. Pero que no se preocupen. Sólo son cosas de periodista-policía.






Dirigentes de la izquierda abertzale, en primera fila en Anoeta el día 14.


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