domingo, febrero 18, 2007

Crónicas políticas (II)

La siguiente crónica fue publicada en Deia el 5 de junio de 2005. A pesar de que Batasuna había dado a la luz la propuesta de Anoeta siete meses antes, continuaba sin cesar el estruendo de las bombas colocadas por ETA.

Reivindicación de la perogrullada

Hay quien llama dientes de sierra a los periódicos encontronazos con la realidad en lo que pretende ser un proceso de paz en Euskadi. La colocación de un coche bomba por parte de ETA en Madrid el pasado 25 de mayo ha generado una especie de depresión colectiva ante la evidencia de que los terroristas continúan siendo inmunes frente a cualquier exigencia de paz. Siguen instalados en su particular burbuja desde la que sólo se percibe una Euskadi deformada en la que las víctimas aparecen como verdugos represores mientras que quienes no sueltan el dedo del gatillo o del temporizador son voluntariosos activistas aclamados por sus conciudadanos. La suma de la endogamia política, de la aceptación del terrorismo como método de presión y de la ceguera ante la realidad social conforman un resultado desolador, caracterizado por la vieja pretensión de la izquierda abertzale de imponer sus tesis al resto de los vascos. Resulta evidente que un proceso de paz requiere de la voluntad de las partes para avanzar por la senda correcta. Pero en ningún caso se pueden equiparar ni correlativizar los pasos al frente de un Gobierno democrático o de una Cámara legislativa nacida de la voluntad popular soberana con los de una banda cuya única seña de identidad es el asesinato, el chantaje y el amedrentamiento. No obstante, el Ejecutivo presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, apoyado por todos los partidos políticos excepto el PP, ha dado señales inequívocas de aceptar la vía del diálogo si ETA abandona las armas, tal como quedó explicitado en la resolución aprobada por el Congreso de los Diputados. Sólo en ese contexto cabe entender la participación de EHAK en las elecciones del pasado 17 de abril o la progresiva normalización en las relaciones entre los socialistas y la izquierda abertzale. Sin embargo, las bombas de ETA contra diversas empresas guipuzcoanas y el vehículo explosionado en Madrid han debilitado políticamente al Gobierno y le han colocado en una situación incómoda que le obliga a resguardarse. Si se hubiera producido alguna víctima mortal, y no se ha estado lejos de que la hubiera, el proceso de paz hubiera quedado abortado incluso antes de empezar a tomar forma. En este contexto, no sirve de nada esgrimir la propuesta de Anoeta como prueba de que se quiere avanzar hacia otro escenario político en el que la violencia quede desterrada. A estas alturas, ya resulta insuficiente reconocer que ETA no puede negociar políticamente y que corresponde a los partidos políticos, en cuanto que son los depositarios de la voluntad popular, sentarse a dialogar para ampliar los consensos existentes. Urge reparar también en que ETA imposibilita ese proceso en la medida en que no ha desechado la posibilidad de erigirse en avalista de las tesis de la izquierda abertzale. El estruendo ensordecedor de las bombas y el soniquete seco de las pistolas son radicalmente incompatibles con la aproximación hacia la paz. Sólo se podrá progresar desde la aceptación de que cada cual debe defender sus ideas con la fortaleza que le concede la representatividad popular que ostenta. En Euskadi hay quien lleva décadas negando incluso las perogrulladas.

No hay comentarios: