miércoles, marzo 07, 2007

Sin margen

El viernes pasado estuve en Valencia. El PP celebró en la ciudad del Turia una de sus conferencias de seguridad, con las que quieren poner en evidencia el incremento de los índices de criminalidad, que ellos cifran en catorce puntos. Allí estuvieron, entre otros, el secretario general del partido, Ángel Acebes, y el secretario ejecutivo de Libertades Públicas, Seguridad y Justicia, Ignacio Astarloa. Entrevistar a este último fue, precisamente, el motivo de mi visita. Fuera del alcance de la grabadora hablamos, entre otras cosas, de Gernika, que también para él está enclavada en una de las zonas más bonitas de Euskadi, pero, ante todo, nos referimos al "caso De Juana", que copaba las portadas de todos los diarios y estaba llevando hasta límites desconocidos el enfrentamiento entre populares y socialistas. Ví a Astarloa afectado por lo que está sucediendo, más que enfadado o indignado. Puso el énfasis en lo que el PP juzga un cambio de posición por parte del PSOE y, singularmente, del presidente Zapatero en relación al pacto Antiterrorista y a la Ley de Partidos. A su juicio, ambos instrumentos "son ya papel mojado" por la actitud del jefe del Ejecutivo. Echan de menos la etapa de Aznar, no sólo porque estaban al frente del Gobierno, sino porque mantenían una unidad de acción con los socialistas frente al resto de formaciones políticas y, sobre todo, las nacionalistas. Ese escenario mantenía a la oposición silenciosa en torno a una de las materias más sensibles de cara a la ciudadanía y permitía al partido en el poder rentabilizar todos los éxitos contra ETA, mientras sólo se compartían las tragedias. El PP sabe bien que la cuestión del terrorismo es una herramienta poderosísima de desgaste político, que va más allá de lo racional y apela a los sentimientos más básicos de los ciudadanos, y que agitándola puede hacer mucho daño a los intereses de Zapatero de cara a las elecciones de dentro de un año justo. El panorama actual les produce un profundo rechazo fundamentalmente en la medida en que el líder socialista puede llegar a convertirse en el presidente que logre el cese definitivo del terrorismo de ETA. Aznar solía decir en petit comité en sus tiempos de mandatario que la cuestión de la violencia sólo podría arreglarla un presidente "español y de derechas" que, precisamente por serlo, tuviera el suficiente margen de maniobra para adoptar una serie de medidas impopulares. Desde luego, la de De Juana lo es. Y mucho. Se trata de un terrorista abyecto, con 25 asesinatos a sus espaldas, que no sólo no se ha retractado de sus actos sino que ni siquiera ha mostrado la mínima conmiseración hacia las víctimas y ha pretendido celebrar crímenes atroces. Desde ese punto de vista, la batalla de la opinión pública está del lado del PP. Muchos ciudadanos, de los que apoyan al Gobierno incluso, sienten repulsión al comprobar que lo sucedido se visualiza como una victoria de ese individuo. Incluso aunque se ajuste a derecho y evite males mayores. Salí de la entrevista con la certeza de que los próximos doce meses van a ser muy duros en términos políticos. No hay margen para el más mínimo entendimiento entre PSOE y PP en las grandes cuestiones. Ni en materia antiterrorista, ni en la renovación de los órganos judiciales va a haber resquicios para el acuerdo. El PP tiene claro que debe agotar todos sus esfuerzos en ganarle la partida a Zapatero en las elecciones generales. Que ésta es la única solución. Las posibilidades del presidente para hacer frente con garantías a esa estrategia pasan por convencer a la sociedad de que el PP se ha deslizado hacia posiciones radicales, sí, pero, ante todo, por tener la oportunidad de ofrecer resultados concretos, bien visibles, en el proceso de paz. En una palabra, por el compromiso claro de ETA de que nunca más volverá a atentar ni a matar.

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