domingo, abril 29, 2007

De listas

La decisión del juez Baltasar Garzón de no suspender las actividades de ANV, dada a conocer ayer, alienta la idea de que, finalmente, la izquierda radical va a tener un cauce de participación en las elecciones del próximo 27 de mayo. Cabe pensar que si eso se produce es como consecuencia de que el proceso de paz aún conserva algún aliento a pesar de las declaraciones públicas. Si eso no fuera así, resulta muy difícil de explicar que ANV pueda traspasar el umbral de la Ley de Partidos, salvo por un impulso garantista llevado al extremo. Se alude por parte del magistrado de la Audiencia Nacional a que no existe "el más mínimo" indicio que vincule a esta formación, que data de 1930, con lo que se viene denominando "ETA-Batasuna". Los informes policiales apuntan en la misma dirección y todo parece indicar que la Fiscalía avala idénticas tesis. ¿Se trata de pura información de carácter técnico o se oculta un trasfondo político tras esas consideraciones? Desde luego, existen una serie de evidencias incontrovertibles. Para empezar, ANV es una formación minúscula, que desde 1978 hasta 2001 ha formado parte de Herri Batasuna y de Euskal Herritarrok. En ese momento, con el inicio del proceso Batasuna, destinado en buena medida a fusionar en un único partido lo que hasta entonces era una coalición, las siglas que ahora han saltado a las portadas entraron en un periodo de hibernación, ya que su casi nula capacidad política, resultado de la falta de cuadros militantes, no le concedía tampoco muchas más opciones. Ahora, de pronto, ANV sale de su letargo. Ya había dado los pasos legales necesarios para presentarse a las elecciones de 2003, pero al final no lo hizo. En 2007, en cambio, ha presentado candidaturas por doquier y parece decidida a concurrir. ¿Cómo se ha producido el milagro de que un partido sin capacidad conocida al menos en los últimos 30 años elabore, de pronto, 253 listas municipales y 11 para Juntas Generales? Es muy sencillo: con gente de Batasuna. No hace falta más que escrutar las listas de personas que podamos conocer por pura proximidad geográfica. Desde el primero hasta el último, son reconocidos militantes o simpatizantes de Batasuna a los que jamás se ha conocido ningún vínculo con ANV, salvo el de haber sido partícipes todos ellos de Herri Batasuna o de Euskal Herritarrok. ETA y los dirigentes de Batasuna ya han advertido de que si las elecciones se celebran sin la concurrencia de la izquierda radical, el proceso está abocado "al desastre". Traducido a román paladino, que se volverá a asesinar sin piedad. Una de las claves para que el proceso pudiera avanzar radicaba en que Batasuna asumiera en plenitud las vías políticas y democráticas. Eso no se ha producido. También se trataba de que ETA diese muestras fehacientes de su voluntad para abandonar la actividad terrorista. Ha ocurrido justamente lo contrario en los últimos meses. La Ley de Partidos pretendía impedir la presencia en la vida democrática de partidos estructuralmente partidarios de la violencia. Es verdad que, formalmente, ANV rechaza el terrorismo en sus estatutos. Pero es igual de cierto que sus listas están llenas de personas que no lo hacen, aunque conserven en plenitud sus derechos civiles, exactamente igual que hace cuatro años. ¿Se está produciendo un mero problema de aplicación de la Ley de Partidos o hay algo más? Y si así fuera, ¿sirve de algo una Ley de Partidos que se aplique de esta manera? ¿Está definitivamente muerto el proceso o se mantiene algún hilo de comunicación? ¿Puede llegar a ocurrir que ETA rompa el alto el fuego tras las elecciones y, sin embargo, la izquierda radical consiga estar presente en las instituciones autonómicas, forales y municipales? Las próximas semanas aclararán las dudas. Que, por cierto, cada vez son mayores.

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