jueves, abril 26, 2007

Gernika 1937-2007



Era un lunes, 26 de abril de 1937. Día de mercado. Una jornada bulliciosa, aunque atemperada por la proximidad del frente de guerra. A las 16.30 se divisaron los aviones alemanes. Los enviados de la muerte. No alcanzaron ni uno solo de los objetivos militares que, supuestamente, motivaron la operación. Arrasaron el pueblo, mi pueblo, lanzando miles de toneladas de bombas rompedoras e incendiarias y ametrallando a sus habitantes. La destrucción fue total. Aquella noche, el único sonido fue el del crepitar de las llamas devorando Gernika, que quedó como símbolo universal de la paz a través del cuadro del mismo nombre de Pablo Picasso. Fue el primer ataque aéreo de la historia cuyo objetivo era la población civil. Lo diría Winston Churchill: "Gernika fue un horror experimental". El gran poeta Miguel Hernández captó a la perfección lo que fue aquel terrible día para los guerniqueses:
Que vienen, vienen, vienen
los lentos, lentos, lentos,
los ávidos carniceros.
Que nunca, nunca, nunca
su tenebroso vuelo
podrá ser confundido
con el de los jilgueros.
Que asaltan las palomas
sin hiel. Que van sedientos
de sangre, sangre, sangre,
de cuerpos, cuerpos, cuerpos.
Que el mundo no es el mundo.
Que el cielo no es el cielo,
sino el rincón del crimen
más negro, negro, negro.
Que han deshonrado al pájaro.
Que van de pueblo en pueblo,
desolación y ruina
sembrando, removiendo.
Que vienen, vienen, vienen
con sed de cementerio
dejando atrás un rastro
de muertos, muertos, muertos.
Que ven los hospitales
lo mismo que los cuervos.
Que nadie duerme, nadie.
Que nadie está despierto.
Que toda madre vive
pendiente del silencio,
del ay de la sirena,
con la ansiedad al cuello,
sin voz, sin paz, sin casa,
sin sueño.

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