martes, abril 17, 2007

Maite Pagazaurtundua


Cuando te acercas a alguien por primera vez para hacerle una entrevista, a veces se produce un pequeño milagro. Resulta ser como si le conocieras de siempre e, inmediatamente, se produce una conexión personal de comodidad y confianza. Ocurrió de forma instantánea con Maite Pagazaurtundua. Sabía de ella por las obvias referencias de prensa, ya que venía significándose desde hacía muchos años por su actividad política en el seno del PSE-EE. Fue asesora de Política Lingüística de Fernando Buesa en el Departamento de Educación del Gobierno vasco. Había sido también parlamentaria en la Cámara de Vitoria de 1993 a 1998 y secretaria de Educación y Cultura del PSE-EE desde 1993 a 1997, aunque desde el 99 ejercía de concejal y portavoz municipal de su partido en Urnieta. Asimismo, trabajaba como traductora de lenguaje jurídico-administrativo euskera-castellano. De antes de que nos conociéramos personalmente, recuerdo como si fuera ayer el aciago día en que asesinaron a su hermano. Era el 8 de febrero de 2003 y yo estaba en León, pasando unos días inolvidables. Recibí una llamada telefónica informándome de que habían asesinado "a un policía". Durante el viaje de vuelta en tren hacia Bilbao se desveló su identidad: era Joseba Pagazaurtundua. Todos los atentados mortales duelen y enrabietan, pero hay algunos que, por diferentes motivos, siempre tengo muy presentes: el de Yoyes, el del cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, el de Hipercor, el de Joseba Goikoetxea, el de Miguel Ángel Blanco, el de la Casa-Cuartel de Santa Pola, en el que, junto a Cecilio Gallego Alarias, fue asesinada la niña Silvia Martínez Santiago, y también el de Joseba Pagazaurtundua. La mezcla de dolor, rabia e impotencia que se produce en todos los casos no hizo sino aumentar en aquel recorrido ferroviario León-Bilbao. Aunque la incomodidad de los vagones no invitaba a ello, la duración del viaje, incluida la larga espera en la estación de Aranda, me llevó a reflexionar en profundidad sobre diferentes aspectos de la locura criminal que tenía y aún puede seguir teniendo lugar en Euskadi. Una minoría fanática, a la que no le importan en absoluto las mayorías democráticas ni las reglas del juego que éstas se han dado, ha impuesto su ley durante demasiado tiempo en las calles de Euskadi. El victimismo continuo, la manipulación del pasado y del presente, así como el uso y abuso de diversos métodos para extender el miedo han sido algunos de sus principales rasgos y pautas de actuación. La división que se generó entre nacionalistas y no nacionalistas durante la etapa post-Lizarra fue, además, el mejor caldo de cultivo para quienes, desde la vieja premisa del "divide y vencerás", seguían sosteniendo con una exarcerbación reiterativa que el rival político es un enemigo al que está justificado matar. Era un panorama triste, desolador. La mezcolanza entre la consecución de la paz y los objetivos políticos había resultado ser fatal. Muchos olvidaron que un demócrata siempre debe estar más cerca de quien defiende sus ideas a través de las vías pacíficas y de respeto a todas las opciones políticas que de quien justifica el asesinato del que discrepa o, simplemente, del que pasaba por el escenario de cualquier atentado. En definitiva, que antes que la ideología particular de cada cual debe estar siempre la defensa de los principios más básicos de la democracia. Estábamos saliendo de ese túnel oscuro cuando conocí a Maite. Si no me falla la memoria, fue un 16 de febrero de 2004, en el hotel Londres de San Sebastián. Inmediatamente me dio la impresión de ser una persona cercana, cariñosa, pero de voluntad férrea. Hablamos en euskera, lengua que domina con verdadera maestría, con la fluidez de quien siempre la ha utilizado como vehículo normalizado de comunicación, para acercarse a las personas, no como instrumento para distinguirse de otros a veces desde el simple balbuceo. No percibí el menor atisbo de odio en sus palabras; sólo una firme determinación para ayudar a construir una Euskadi para todos y de hacerlo, en sus circunstancias, desde el trabajo en pro de las víctimas. Visitamos la librería Lagun, objetivo reiterado de quienes, también aquí y ahora, desean que muera la inteligencia. Me dedicó su libro Los Pagaza, cuya lectura recomiendo, y me invitó a pasar una tarde extraordinaria de tertulia junto a Xabier Lete. En una pequeña cafetería céntrica de Donostia, los tres pusimos sobre la mesa muchos de los elementos del debate circular vasco e intercambiamos pareceres acerca de lo divino y lo humano. El año pasado volví a reencontrarme con ella en Gernika. Vino a impartir una conferencia sobre la situación en Euskadi y del papel de las víctimas. Lo hizo en la Casa de Cultura y habló, como siempre, con pasión, con cercanía. Después paseamos por algunas calles casi desiertas del pueblo y la entrevisté en el bar del equipo de rugby, punto de reunión de muchos jóvenes. No quería hablar con ella en un lugar cerrado, donde las personas se convierten en invisibles. Ojalá podamos repetir la experiencia sin los guardaespaldas, en un país cuyas calles sean espacio de libertad.

Maite Pagazaurtundua (Hernani, 1965) es licenciada en Filología hispánica y en Filología vasca por la Universidad de Deusto. En la actualidad preside la Fundación Víctimas del Terrorismo.

1 comentario:

amamajoxepi dijo...

Hay una forma de reconocimiento y complicidad entre quienes comparten algunos valores profundos. El capitán de este blog tiene un sentido democrático natural y siempre muestra en su trabajo que respeta la dignidad de los demás, que respeta que existan puntos de vistas diversos sobre una misma realidad y que hay que comprometerse frente a los intolerantes. El capitán está vacunado contra el fanatismo y eso en una tierra donde se cultivan desde antiguo varias modalidades de fanatismo ideológico de ése que busca una especie de patrón único del vasco y de la tierra vasca. El patrón sabe que además de peligrosos, los fanáticos no saben reírse. Es muy aconsejable volver a ver la película "el nombre de la rosa" a la luz de nuestros peculiares fanáticos. Un abrazo,