viernes, mayo 25, 2007

La escalada

Nada ocurre por casualidad con Batasuna de por medio. El acoso a los candidatos de las formaciones democráticas vascas durante la campaña electoral que hoy acaba sólo podía contextualizarse en el marco de una estrategia bien calculada y definida para ir extendiendo el miedo de forma progresiva. El artefacto casero colocado en el bajo del vehículo del candidato número dos del PSE-EE en Getaria, Joseba Elola, se sitúa un peldaño por encima de las persecuciones cartel en mano, de las interrupciones de los mítines o de los anuncios del apocalipsis por parte de quienes son sus más genuinos profetas en estos lares. El miércoles pasado, uno de los dirigentes más rupestres de la izquierda radical, el tal Olano, anunciaba una jornada de "movilizaciones" que, a buen seguro, discurrirá a partir de esta misma hora por los cauces habituales: amenaza, presión, algarada y kale borroka, si no deriva en algo peor. Es la más palpable demostración de la mentira de Anoeta, donde se anunció la retirada del "conflicto" de las calles y la apuesta inequívoca por las vías políticas y democráticas. Fue una mera representación carnavalesca para intentar envainar a los partidos vascos un acuerdo político tutelado por ETA. Los planteamientos de fondo no han variado en Batasuna. Siguen queriendo imponer sus tesis como única salida, dando al terrorismo una justificación por tantas décadas de desmanes. No hay pulso político en ese mundo, sólo una total sumisión a los planteamientos más reaccionarios y militaristas. Por eso no tienen plena expresión legal como reclaman, porque su cacareada apuesta por un cambio profundo en Euskadi ha resultado un fiasco. Porque ETA asesinó a dos ciudadanos en Barajas y volvieron a callar. Porque vuelven a preparar el terreno para justificar cualquier barbaridad. Ellos siguen a lo suyo, a culpar de todos los males a los demás. Incluso de que ETA vuelva a actuar. O mucho cambian las cosas o lo ocurrido ayer en Zarautz puede ser la antesala del drama.

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