viernes, junio 29, 2007

El epílogo

Cuando un proceso acaba, ETA y su entorno acostumbran a filtrar su versión interesada del desarrollo del mismo al diario Gara, para intentar justificar la vuelta al asesinato, la amenaza y el chantaje. Se suele tratar de culpar a todos los demás del fracaso en cuestión. Al PP y al PSOE, independientemente de su papel de gobierno u oposición, se les caracteriza como partidos ajenos a lo vasco, defensores del mantenimiento de un statu quo "impuesto" y adalides de la "represión". El PNV, por su parte, es presentado como traidor, siempre con la vista puesta en el "negocio" y colaborador necesario de los "ataques a Euskal Herria". Paranoia pura, en definitiva. En cualquier caso, de la literatura fantástica que cultivan los palmeros de ETA sí pueden extraerse, al menos, dos conclusiones. La primera es que la propuesta de Anoeta, tal como se formuló y se explicó, fue un fraude. No es que la banda no haya permanecido al margen del diálogo político, sino que ha querido intervenir en ese ámbito desde el primer momento y, aunque en una primera fase lo hizo por vía interpuesta, a partir de la parálisis de noviembre se quitó la careta definitivamente. El esquema de la izquierda abertzale no es el presentado en el Velódromo a finales de 2004. Es otro bien distinto, que consiste en que Batasuna impone una parte importante de sus tesis al resto de partidos no en función de su representatividad, sino por tener a ETA detrás. Da igual que el PNV, el PSOE o el PP sumen más apoyos entre los vascos. De lo que se trata, al margen de lo que vote la sociedad vasca, es de forzar la voluntad del resto de formaciones políticas como peaje para acabar con el terrorismo. Por eso, mientras Batasuna no se mire en el espejo y se asuma como es, en su auténtica dimensión política, no será posible llegar a acuerdos. La segunda conclusión de lo publicado es que Navarra ha sido la verdadera clave del proceso y de su ruptura. Negociar presentando propuestas inasumibles es como negar el diálogo. La izquierda abertzale pretendía impulsar la creación de un llamado Consejo Navarro-Vasco con capacidad de iniciativa legislativa y la unión de los cuatro territorios para 2011. Puro realismo político, vamos. La posterior propuesta autonomista de Otegi obviaba lo esencial: que el actual marco legal, acordado en la transición con el concurso de PNV, UCD y PSOE, entre otros, ya contempla la posibilidad de esa unidad. Pero lo hace bajo una premisa tan básica como democrática: el respeto a la voluntad de los navarros. Ahí se resume la cuestión. A ETA y a quienes giran en su órbita no les importa lo que opinen los ciudadanos. Buscan imponer sus tesis mediante la fuerza o a través de una oferta para dejar de utilizarla. Mientras sigan funcionando con ese esquema mental y político, no hay salida. Y es conveniente que antes del próximo intento para buscar una solución dialogada alguien se lo explique con claridad. Para que no haya más epílogos, más relatos del fracaso.

No hay comentarios: