miércoles, junio 06, 2007

La vuelta a las catacumbas

Desde las cero horas de hoy, vivir en Euskadi se ha vuelto una paradoja en sus propios términos. Cientos de ciudadanos saldrán de sus casas con miedo a no volver, mirarán preocupados debajo de sus coches, rehuirán la oscuridad de los garajes o el centro de las plazas. ETA ya ha anunciado, a través de un comunicado extraordinariamente agresivo, que volverá a colocar bombas y a despreciar la vida de las personas con tiros en la nuca. Quien no viva aquí el día a día de tan insoportable opresión no puede captar todos los matices de semejante situación. Hay que dirigir la vista a todas partes cuando se sale del portal, evitar rutinas, minimizar la exposición pública. Y todo ello, bajo las miradas de desprecio, cuando no de odio, de muchos supuestos conciudadanos. Es la ansiedad permanente, la soledad en estado puro, incluso a pesar de estar rodeado de amigos. La Euskadi del siglo XXI se ha vuelto más lúgubre desde hoy. Animan, y mucho, las muestras de cercanía, de cariño, de tantas personas, tanto de aquí como del resto de España. Los terroristas no tienen ninguna posibilidad de vencer al Estado democrático, pero van a seguir haciendo todo el daño posible. Y la victoria de la paz, de la convivencia, se escribirá con renglones firmes, los de la historia ejemplar de tantas y tantas personas anónimas que se sacrificaron en primera línea por unos ideales muy básicos, por aquellos que nos hacen personas por encima de sectarismos primarios, de patrias excluyentes y de identidades mitificadas. Es un momento difícil, duro, de profundo desánimo, pero hay que apretar los dientes y seguir adelante. Todos juntos, forjando lazos inquebrantables de solidaridad, de cariño, de hermandad.

1 comentario:

Crapúscula dijo...

"Bajo las miradas de desprecio, cuando no de odio, de muchos supuestos conciudadanos" Ese será el poso de rencor, la auténtica fractura social cuando esta tragedia -ojalá, en palabras de Silvio- pase algún día. El abismo entre los que se expusieron, los amigos de los que dieron su vida, y los que mostraron su abrigo en posts como el suyo. Y al otro lado, infinitamente lejos, no sólo los que dispararon, sino los que callaron, los que alentaron y los que pensaron, como en su última cita, que todo sufrimiento ajeno era sobrellevable.

Lo celebro como el primer día cuando encuentro un vasco del primer grupo. No siempre me pasa.

Un saludo afectuoso