miércoles, junio 13, 2007

Los antisistema de cuello blanco

El vasco es, en estos momentos, el único caso de pervivencia del terrorismo en Europa. Una vez resuelto el problema irlandés, sólo queda en el mapa el gulag en que ETA quiere convertir a Euskadi. Pero, además, en este último caso es nítido como en pocos el componente totalitario, de raíz intrínsecamente terrorista, de la banda y sus secuaces. En Irlanda, por no abandonar lo que para la izquierda radical constituye una referencia ineludible, siempre hubo una relación metrópoli-colonia entre las dos islas hasta la creación del Estado Libre en 1922. Los irlandeses, sin distinción, sufrieron, y de qué manera, las consecuencias del sometimiento político y la extrema depauperación económica, sin olvidar la línea divisoria trazada por el componente religioso. Los seis condados del norte de la isla que quedaron bajo administración británica tras la partición han seguido padeciendo el mismo esquema impositivo hasta hace bien poco. En octubre del año pasado, en momentos de incertidumbre para la administración autonómica norirlandesa, tuve ocasión de comprobar directamente lo que ha sido aquel infierno y los progresos que se están realizando. Una de las mayores esperanzas de los ciudadanos y de las autoridades locales estaba depositada en la mejora de la economía que, en el marco del acuerdo político, podría actuar como bálsamo para ir curando heridas. Los recelos entre las dos comunidades persisten, la división física en las calles de Belfast también, pero los signos de distensión han alcanzado ya a los más intransigentes de ambas partes. En Euskadi la situación es bien diferente. La renta per cápita es una de las más altas de España y de las mejor situadas de Europa. Ni hay, ni ha habido ni habrá dos comunidades y, a lo largo de la historia, salvo en las etapas de gobiernos de facto, que soportaron todos los ciudadanos por igual al margen de su origen, y con el paréntesis de la abolición foral, las relaciones entre los territorios vascos y el poder central se han caracterizado por el acuerdo. Siempre habrá quien mencione, de nuevo, como ejemplo de anexión forzada o de asimilación, los casos de Navarra e Iparralde, pero no hay más que ver cuáles son los resultados que arrojan las urnas en ambos territorios para concluir que no hay grandes incomodidades con su estatus político en ninguno de los casos. Curiosamente, en Euskadi, quienes actúan contra lo que consideran una situación de "opresión" no son, precisamente, desheredados de la tierra. Es otra de las especificidades vascas. Resulta llamativa la cantidad de pequeños o medianos empresarios, abogados, y, sobre todo, funcionarios que ejercen su labor diaria bajo parámetros absolutamente convencionales, con total entrega a sus bolsillos, y al acabar su jornada laboral, impasible el ademán, se reconvierten en ardorosos adalides del socialismo, igual da en Euskadi que en Venezuela, y en activistas contra todo tipo de atropellos imperialistas, supuestos o directamente imaginarios. En esa súbita transformación está una de las claves principales del llamado conflicto vasco y en entenderla en toda su complejidad radica, también, una de las posibilidades de desactivación progresiva del sector social que da soporte a la violencia. En términos comparativos con los de otras realidades impregnadas por la violencia, éste es un problema de ricos, de ricos que no aceptan las reglas más básicas de la democracia y que buscan imponer sus reglas de juego y su modelo político por creerse avalados por su particular visión de la historia. Y eso, en todas partes, tiene un nombre muy concreto.

1 comentario:

Nicolas dijo...

Hola Joseba,
Llevo un tiempo siguiendo tu blog pero hasta hoy no me había animado a escribirte. Quería felicitarte por él porque es muy interesante. Me imagino que tiene que resultar agotador para un periodista trabajar en crónica política. Sobre todo cuando antes de escribir tiene que sacar la regla para medir lo que va a decir por si le parece mal a alguien. Hay que ser valiente y me parece que tú lo eres.
Sobre lo que has escrito esta mañana estoy completamente de acuerdo. El caso de Irlanda no tiene nada que ver con el del Pais Vasco. Si quisieramos buscar fuera algo parecido yo creo que nos tendríamos que ir a Italia. Veo más similitudes con lo que pasa allí con la Camorra y la Mafia. Tu colega Roberto Saviano no cogió la regla antes de escribir su libro Gomorra y ahora no puede vivir en Nápoles.

Un saludo