domingo, junio 03, 2007

Reflexiones postelectorales (ANV)

En las pasadas elecciones autonómicas, el PCTV, es decir Batasuna, logró 150.644 votos, lo que le reportó nueve escaños en el Parlamento de Vitoria. Dos años después, la marca electoral utilizada por esa misma formación ilegalizada para salvar parte de los impedimentos impuestos por la Ley de Partidos en vigor, es decir ANV, habría logrado, según las cuentas no de la lechera, sino de Gara, 187.000 sufragios, de los que habría que descontar los cerca de 30.000 de Navarra. Por tanto, se trataría de unos 157.000 votos, bastante por debajo de lo que solía conseguir la izquierda abertzale en tiempos de HB o de EH. La brecha abierta tras la etapa fracasada de Lizarra, con la huída de parte de su electorado, permanece casi inalterable ocho años después, aunque también es cierto, como dice el renombrado experto en procesos electorales en la Universidad del País Vasco, Alfredo Retortillo, que los votantes de la izquierda radical más que ciudadanos parecen "feligreses", por su fidelidad. O por su sectarismo. O por su falta de espíritu crítico. O por vivir en un mundo en el que el bien y el mal son percibidos casi sin matices. Algunas voces bien conocidas de ese mundo señalaban esta semana que, en cualquier caso, al cómputo de voto de ANV más el nulo habría que añadirle, además, una proyección del de quienes han votado útil en perjuicio de las listas ilegalizadas aunque en una situación de normalidad podrían haberse decantado por ellas. Supongo, por tanto, que también habría que descontar el voto de todos aquellos que se lo han dado a ANV por una mal entendida solidaridad ante la situación de ilegalización de parte de sus listas. Análisis poco rigurosos aparte, las distintas marcas de Batasuna siguen teniendo un núcleo duro de voto, que apenas sufre el desgaste producido por los avatares que ha venido padeciendo la política vasca. Otegi o Barrena, tanto monta, monta tanto, decía en campaña que el voto a ANV suponía apoyar el llamado proceso de paz. Imagino que se referirían a un modelo concreto de proceso, en el que ETA pretende tutelar el diálogo político, pone una bomba en el parking de Barajas y asesina a dos ciudadanos, se envían cartas de extorsión a empresarios y se amenaza por doquier. En cualquier caso, Euskadi tiene un problema muy serio, con una parte de la sociedad, muy minoritaria pero empecinada hasta el límite, que ve al adversario político como enemigo, antepone los territorios a las personas y relativiza al albur de sus intereses políticos el valor de la vida.

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