viernes, junio 01, 2007

Reflexiones postelectorales (EA)

Eusko Alkartasuna vive sumida en dos paradojas principales: hace gala de una ideologia que la mayoría del resto de agentes políticos y muchos de sus militantes y simpatizantes no se creen y aparenta tener una fortaleza electoral e institucional que, cuando se presenta en solitario, la sociedad le niega. En cualquier caso, la marca socialdemócrata le ha venido siendo útil para justificar la escisión de 1986, aunque haya sido, precisamente, el PNV el que le ha dado oxígeno para sobrevivir en estos últimos años. Desde ese mundo político virtual, EA pretende hacer ver en esta ocasión que sus resultados del domingo no han sido tan malos y que esos 69.000 votos le dan cuerda para el futuro. Pero, tarde o temprano, la realidad y el realismo suelen terminar por imponerse en política y las cifras son elocuentes: quien se considera referente del soberanismo democrático baja en votos cada vez que se presenta sin muletas, y ya ha entrado en una horquilla que lleva directamente al desguace. Sólo se sostiene en Gipuzkoa, justo donde hace gala de otro discurso, mucho más integrador y en clara sintonía con el del PNV. En Bizkaia suma 27.000 votos, 8.600 en Álava y 34.000 en territorio guipuzcoano. En porcentajes, se mueve en el 9,96% en este último, en el 5,77% en el segundo y en el 5,19% en el primero. Está, pues, en el umbral de la irrelevencia política en Bizkaia y en Álava. Una vez abandonada la coalición con el PNV, se supone que de forma definitiva, a EA le quedan pocas bazas. Buscar combinaciones que le aseguren visibilidad institucional allí donde le es posible, como en Gipuzkoa, esperar a que el proceso de paz pueda avanzar para seguir coqueteando con la izquierda radical de forma más estructural y esforzarse en que su congreso ordinario de finales de año no termine complicando aún más su situación interna. La tendencia al desgaste lento pero inexorable está muy marcado ya en el historial de EA. Una vez fracasado, hace mucho tiempo, su intento por sustituir al PNV como referente del nacionalismo democrático, sus próximos años se van a caracterizar por las piruetas para sostener un partido que amenaza con caerse a pedazos. La cifras hablan por sí mismas, sin tener que añadir ni una tilde. En la última ocasión que se presentaron en solitario en una elecciones municipales y forales, en 1995, el PNV cosechó 310.659 votos y EA 118.482. El pasado domingo fueron 308.213 y 69.653.

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