domingo, julio 22, 2007

De seductores, patriotas y ferroviarios

La valiente y necesaria toma de posición de Josu Jon Imaz ha provocado el vituperio de los guardianes de las esencias. Hablar de transversalidad, de acuerdos entre diferentes, de grandes espacios de entendimiento, de compartir los ejes básicos sobre los que se sustenta la identidad vasca provoca urticaria en quienes desean un país regido, de forma privativa, por sus propios esquemas políticos. Dejando de lado los imaginarios particulares, la realidad, el sentido común e incluso una percepción desarrollada de los derechos de ciudadanía deberían llevar a los políticos vascos a dar ejemplo de sensatez en sus declaraciones. La amenaza de ETA, presente cada día en el cogote de cientos de personas, también tendría que contar para que los representantes políticos se centren y den ejemplo de sensatez, pero las ocurrencias campan a sus anchas. La reflexión de Imaz es intachable desde todos los puntos de vista. Se refiere al problema terrorista con crudeza, sin miramientos, y defiende que la vía policial es la única eficaz frente a un monstruo que no da síntomas de querer dejar de serlo. Quienes gustan de acariciar al tigre pensando que así se calmará han montado en cólera, acusando al presidente del EBB de abandonar la opción política frente a la violencia, y olvidando que violencia y política son incompatibles por naturaleza. O se está en uno de los ámbitos o se está en el otro. No se puede estar en ambos, como pretende el mundo proetarra. Y respecto a la consulta, Imaz ha recalcado una idea básica para cualquier demócrata responsable. Que el llamamiento a los ciudadanos para que se pronuncien debe ser el punto final de un proceso previo de diálogo y acuerdo amplio entre los partidos políticos de diverso signo, no un arma arrojadiza para acumular fuerzas frente a quienes sienten lo vasco de otra manera. Ha habido dos pronunciamientos al hilo de esta cuestión que merece la pena destacar. Uno el de Rafael Larreina, secretario de Organización de EA, quien acusó a Imaz de pretender seducir a España mientras Euskal Herria reclama el "derecho a decidir". A día de hoy, a diferencia de Larreina, sigo sin ver a los representantes de los ciudadanos de Navarra o de Iparralde clamando por ejercer tal derecho. Tampoco creo que esté entre las prioridades de la mayoría de las Juntas Generales de Álava. Por tanto, o hablamos de realidades políticas diferentes o, simplemente, el representante de EA ha respondido a un artículo de opinión serio y riguroso con la demagogia más descarada. La voluntad de los ciudadanos de los territorios que conforman lo que históricamente se ha dado en llamar Euskal Herria sin connotaciones políticas hace que sólo sea posible configurar ese espacio como un ámbito de colaboración que respete la actuales realidades político-administrativas. Cuanto más se apliquen recetas como las que propone EA, alejadas del sentir de la calle, como lo demuestra su cada vez más exiguo caudal de votos, menos viable será la idea de Euskal Herria en cualquiera de sus variantes. También han sido llamativas las declaraciones del coordinador general de EB, Javier Madrazo, hablando de un "choque de trenes" con el Estado si no se atiende un eventual pronunciamento de la sociedad vasca. Lo que debería aclarar es en qué tren van a viajar sus huestes, habida cuenta de que tras votar en el Parlamento vasco en favor del Plan Ibarretxe el 30 de diciembre de 2004, su formación política comenzó a desmarcarse de esa iniciativa prácticamente al día siguiente y de que IU votó en contra de aceptarla a trámite en el Congreso el 1 de febrero de 2005. Los juegos malabares son muy vistosos, también en política, pero la terrible situación vasca requiere de seriedad y rigor en los análisis de los representantes políticos. Resulta desolador comprobar que en vez de primar los mensajes de encuentro, de entendimiento, de integración, haya quien apueste por la confrontación y, además, en ciertos casos, intentando aparecer respaldado por reclamaciones inexistentes. Una pena.

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