miércoles, julio 04, 2007

Desde el Congreso

Escribo desde el Congreso de los Diputados. Los grupos parlamentarios están presentando sus propuestas de resolución para la última sesión de mañana y ya se conocen también las enmiendas a las mismas. Básicamente, el PP pedirá la revocación de la resolución que la Cámara aprobó en mayo de 2005 habilitando el diálogo con ETA en ausencia de violencia y reiterará su petición de que se hagan públicas las actas de las reuniones entre el Gobierno y la banda terrorista. El PNV, por su parte, insiste en su habitual iniciativa, presentada cada año desde 2001, para que se cumpla en su integridad lo previsto en el Estatuto de Gernika. Lo nuclear del debate tuvo lugar ayer, con el duelo dialéctico entre el presidente Zapatero y Mariano Rajoy. El jefe del Ejecutivo se mostró en plena forma, exhibiendo sus logros económicos y sociales y dando por definitivamente cerrada cualquier tentativa de diálogo con ETA. Estuvo más seguro de sí mismo y más centrado que en años anteriores, mientras su oponente se aferraba únicamente al fallido proceso de paz y a las supuestas cesiones del Gobierno durante el mismo. Así como en años anteriores el presidente del PP estuvo más brillante e hilando más fino que el presidente, ayer tuve la sensación contraria. Rajoy perdió una buena oportunidad para presentar su propia alternativa ante las próximas elecciones generales y se enredó demasiado en una cuestión que, a estas alturas, requiere unidad y no aspavientos partidistas. El Gobierno socialista ha cometido errores, pero tiene en su haber una importante producción legislativa de carácter social. La ley de matrimonios homosexuales, la de dependencia o la que pretende combatir la violencia de género, entre otras, constituyen avances incontestables para ensanchar el espacio de los derechos civiles. Todo ello, junto a los logros económicos (buenos índices de crecimiento y de creación de empleo) deberían quedar como los ejes vertebrales de este cuatrienio. Es cierto que las grandes apuestas de Zapatero, el logro de la paz en Euskadi y la negociación para un nuevo Estatuto en Cataluña, han sido fallidas en todo o en parte, pero el PP no puede enquistarse de forma monotemática en estas cuestiones sin ver más allá. A estas alturas, el PSOE mantiene una óptima base electoral para superar en votos a los populares en las próximas elecciones generales y los resultados del pasado 27 de mayo no sirven de referencia por tratarse de convocatorias electorales de naturaleza y motivación movilizadora bien diferente. El presidente del Gobierno se sabe con muchas posibilidades de seguir ocupando el cargo. Y también es consciente de que sólo ETA puede amargarle estos próximos meses, a través de una estrategia diabólica para condicionar la convocatoria a las urnas.

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