martes, julio 10, 2007

Diez años sin Miguel Angel


Es difícil categorizar el horror, la angustia o el sufrimiento, sobre todo cuando se han acumulado tanto durante tantos años, pero a todos se nos rompió algo hace ahora justo diez años, cuando ETA secuestró al concejal del PP en Ermua Miguel Ángel Blanco. Fueron unos días muy soleados en Euskadi. Lo recuerdo como si fuera ayer. Las primeras noticias ya eran espeluznantes. Se trataba de dar otra vuelta de tuerca, de cometer un asesinato a cámara lenta, de chantajear al conjunto de la sociedad. En aquella ocasión la víctima era un chico joven, lleno de ilusiones y con toda la vida por delante. Miembro de una familia humilde de un municipio que ha tomado cuerpo con las aportaciones de la inmigración de los años 60, sobre todo de la que provenía de Galicia. La defensa de unas ideas, tan legítimas como todas las que prescinden de la violencia, le llevó a convertirse en víctima de ETA. Aquellas 48 horas de agonía, con todo el país movilizado exigiendo su puesta en libertad, marcaron un antes y un después en la percepción de la violencia. No es que la sociedad se comportara con mayor tibieza ante los crímenes cometidos hasta aquel momento, de ninguna manera, pero sí es cierto que la protesta, el clamor contra el terrorismo hermanaron como nunca a los ciudadanos en la calle. No pude contener el llanto cuando anunciaron en televisión que ETA había asesinado a Miguel Ángel Blanco. Una vez más, ante la total indiferencia de sus mentores políticos, a los que se les llena la boca hablando de derechos humanos, los terroristas actuaron con la mayor saña, sin ninguna piedad. Si algo se forjó en aquellos días fue la unidad sin fisuras frente al terrorismo, ante la sinrazón. Una unidad que siguen reclamando, sobre todo, quienes padecen día tras día el clima de opresión que persiste en Euskadi por sostener unos ideales muy básicos, los del respeto a la pluralidad, a la naturaleza diversa de la sociedad vasca, a una democracia en la que cabemos todos. Hoy hace una década que se llevaron a Miguel Ángel. En uno de los aniversarios de su asesinato, en el año 2000 si la memoria no me falla, tuve ocasión de acercarme hasta el camposanto de Ermua y visitar su tumba. Tras ser sometido a una tortura salvaje, ETA lo mató pretendiendo doblegar, de nuevo, a la sociedad vasca y española. Pero no lo consiguió. Ni lo conseguirá. Miguel Ángel dejó un hueco, otro más, que todos los que creen en la convivencia deben tratar de llenar cada día. Las víctimas son el mejor símbolo de los valores que los terroristas llevan décadas tratando de combatir. La unidad de todos frente a la brutalidad y el reconocimiento permanente son deudas imperecederas con todas ellas.

1 comentario:

Crapúscula dijo...

Gran post.