domingo, agosto 19, 2007

El mundo según Groucho

Conforme se cumplen años la capacidad de admiración acrítica se debilita y sólo un puñado de buenas causas relacionadas con la solidaridad humana hacia los más débiles es capaz de movilizarte. Los grandes conceptos dogmáticos, separadores de personas, son percibidos con una creciente desconfianza y la realidad que nos rodea es interpretada a partir de una buena dosis de escepticismo. Conocer la política por dentro ayuda a ello. Las frases grandilocuentes ocultan, a menudo, sobre todo por estos lares, el vacío más absoluto. Se proyecta el presente en términos absolutos, pretendiendo convertir a los ciudadanos en un ejército de obedientes patriotas, destinados a preservar las supuestas glorias de un pasado intachable. En un contexto así, no es de extrañar que cada día admire más a Groucho Marx. Murió tal día como hoy hace 30 años, dejando para la posteridad un legado lleno de humor ácido, corrosivo. Pocos supieron poner como él en evidencia lo absurdo y delirante del comportamiento humano, capaz de lo mejor y de lo peor. Creerse único, superior, plenamente admirable y destinado a gestas inalcanzables para otros es una de esas estupideces, sobre todo cuando se pretende aplicar de forma colectiva. No es de extrañar que el propio Groucho afirmara en una ocasión que la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después un remedio equivocado.

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