martes, agosto 21, 2007

Los siete mil de Otegi

Aunque casi nadie se acuerde de ello, el dirigente más mediático de Batasuna, Arnaldo Otegi, está en prisión. Curiosamente, apenas se han producido movilizaciones por parte de sus seguidores, aunque algunos de ellos pusieron en marcha una página web hace unas semanas para reclamar su puesta en libertad. La respuesta tampoco ha sido masiva, precisamente. Unas 7.700 personas se han adherido al escrito de tres puntos que pide su excarcelación. Quien en el pasado se postuló como el Gerry Adams vasco, con esa obsesión tan de la izquierda radical de equiparar lo que ocurre en Euskadi con el drama irlandés, nunca ha demostrado coraje para plantarse ante los que empuñan las pistolas, ni lo hará. A pesar de ello, incluso ahora, se suceden las declaraciones de dirigentes políticos que reclaman a Batasuna que se "desmarque" de ETA. Pero eso, ni ha sucedido ni sucederá nunca, porque son almas gemelas, dos caras del mismo entramado. El crédito político de Otegi, si es que alguna vez lo tuvo, se agotó hace mucho tiempo. Su animadversión furibunda hacia el "PNV de Imaz" se explica en que necesitan de los jeltzales para mantener la idea del "conflicto", sabedores de que son una minoría que no puede sostener por sí misma ese tótem que intenta justificar todo lo demás. El nacionalismo cívico que propugna el presidente del EBB siega la hierba bajo los pies de Batasuna y debilita sus posiciones. Por eso, quienes nunca han creído en la democracia, sino en la imposición a la sociedad vasca de sus posiciones particulares, tienen en Imaz a su bestia negra. Máxime cuando lo que éste defiende no es un cambio cosmético para salir del paso sino que es producto de unas convicciones muy profundas. El silencio se cierne sobre Otegi. Es una muestra más del hartazgo de la inmensa mayoría de los ciudadanos vascos con quienes no respetan principios tan básicos como la defensa de la vida del rival político.

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