jueves, septiembre 20, 2007

El amigo de las ancianas

Hace dos domingos se celebró en San Sebastián la tradicional regata de La Concha. Su centenaria historia está jalonada de hitos deportivos, entre los que destacan sobre todo los de la trainera de Orio, que también fue la vencedora en esta ocasión. Como no hay fiesta que se precie que no cuente con la presencia de la izquierda radical a través de cualquiera de sus múltiples clónicos, el autodenominado movimiento pro-amnistía, cuya única preocupación en el terreno de los derechos humanos se limita a lo que ocurra a los reclusos de ETA, que cuando estaban en libertad eran precisamente quienes conculcaban esos derechos, llamó a una manifestación el mismo día y a la misma hora en que miles de personas aspiraban a disfrutar en paz del espectáculo deportivo. Y el Gobierno vasco la prohibió con buen criterio. Fue entonces cuando el conocido demócrata Juan María Olano desafió al Ejecutivo de Vitoria a elegir entre "una protesta pacífica o una combate callejero". Es otra peculiaridad más de la actual idiosincrasia vasca. Quienes llevan décadas de peones del terrorismo emplazan a los gobiernos democráticos a que actúen pacíficamente. Es decir, que les dejen hacer y que no molesten. Tras los gravísimos incidentes que se produjeron por el empecinamiento en tener que manifestarse aún sabiendo que no contaban con el permiso correspondiente, algunos medios de comunicación publicaron al día siguiente fotografías e incluso alguna entrevista con un tal Jamal Bobber, vecino de Dima de origen boliviano según se explicaba, con la cara destrozada por algún pelotazo de goma. Decía el susodicho que recibió el impacto cuando se disponía a disfrutar de un tranquilo día de regatas y, en medio de los incidentes, estaba ayudando a una anciana. Enseguida empezaron a oírse las habituales voces de la equidistancia, siempre tan sensible hacia todo lo que provenga de la izquierda radical, criticando la actuación de la malvada Ertzaintza. Hasta que unos días después el departamento de Interior puso las cosas en su sitio publicando diversas fotos en las que el amigo de la tercera edad aparecía arrojando piedras a los agentes y colocándose un pañuelo en la cara. Parece que se trata de un habitual de las algaradas callejeras en Bilbao. Así es la izquierda radical. El lobo disfrazándose siempre con piel de cordero.

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