miércoles, septiembre 12, 2007

Josu Jon Imaz


El pasado fin de semana iba a escribir sobre Josu Jon Imaz. Lo impidió el turno en el periódico, que incluía tanto el sábado como el domingo. Dos cosas me movían a hablar sobre el presidente del EBB del PNV: la rumorogía en torno a su renuncia a volver a optar al cargo y, sobre todo, la excelente relación humana y profesional que siempre me ha vinculado a él. Curiosamente, los primeros recuerdos que tengo de Imaz son del exterior. En su etapa de consejero de Industria del Gobierno vasco, creo recordar que coincidimos en Londres, en la conferencia impartida por el lehendakari en la London School of Economics, en noviembre de 2002. Después, tras haber coincidido en diversos actos, tuve la oportunidad de conocerlo cara a cara, sin intermediarios, otra vez muy lejos de Euskadi. Fue en Brasil, en Sao Paulo. Sería la primavera de 2003. Ibarretxe estaba de visita oficial, primero en México y luego en el país carioca. En la última parte de la gira visitamos Sao Paulo y Brasilia, y en la primera de esas dos ciudades se celebró una cena aprovechando que, coincidencias de la vida, el cocinero del hotel en el que se alojaba el lehendakari era de Iparralde. Los de protocolo me colocaron justo frente a Ibarretxe, y al lado de Josu Jon Imaz. Nos pasamos hablando casi toda la cena, con cierto temor de que el secretario general de Confebask, José Guillermo Zubia, que estaba a la derecha del entonces consejero, se nos aburriera. Descubrí a un político distinto. A una persona inteligente, con una enorme proyección política, pero ante todo persona. Me contó que se iba a presentar a la presidencia del EBB, así como sus motivos para hacerlo, los apoyos con los que contaba y, a grandes rasgos, la visión de país y de partido que tenía. Por motivos profesionales, me tocó seguir el proceso interno del PNV para DEIA. Y no fue fácil. La confrontación fue encarnizada, los datos falsos que se filtraban para desgastar a los periodistas eran bastante habituales y hubo que luchar contra los elementos. A pesar de todo, fuimos los primeros en dar la noticias de que Imaz y Egibar se enfrentarían por la presidencia del EBB, a través de una portada con dos grandes fotos de los protagonistas. Recuerdo un día que fuí con Óscar -imprescindible para mí en todos los ámbitos de la vida, y también en mi forma de entender la política- al bosque animado de Ibarrola en Oma, y en uno de los baches embarrados en el que el coche se negaba a avanzar tuvimos que parar para apuntar algunos datos que provenían a cuentagotas de Gipuzkoa. Era un trabajo casi artesanal, de recogida y contraste de resultados batzoki a batzoki. Por aquel entonces, siendo aún presidente del EBB Xabier Arzalluz, solía publicar unas crónicas dominicales en el periódico defendiendo un nacionalismo distinto, moderno, integrador, implacable con el terrorismo, que ayudara a configurar una Euskadi para todos, y rechazando la confrontación gratuita. Eran ideas que coincidían como un guante con las propuestas de Imaz. Al final ganó las elecciones internas por un margen muy estrecho y la polémica no cedió. Estuve en el Palacio Euskalduna el 18 de enero de 2004, cuando fue proclamado presidente del EBB y leyó su primer discurso como tal. Al lado, entre otros, de Ander Landaburu, delegado de El País en Euskadi. Fue una intervención brillante, que marcaba un cambio radical respecto a lo que venía siendo habitual hasta aquel momento. Habló de reformulación de conceptos, de un país para todos, y construido entre todos. Salimos con la sensación de que en el PNV se avecinaba un cambio profundo. Desde entonces he entrevistado a Imaz en numerosas ocasiones. Seguramente, seré uno de los periodistas que lo han entrevistado en estos casi cuatro años en mayor número de ocasiones. Siempre me demostró una talla humana excepcional. Es de los pocos dirigentes políticos que llaman al móvil el día que sale la entrevista publicada. En mi caso, afortunadamente, siempre fue para decirme que le había gustado como había quedado reflejada en el papel nuestra conversación. Es de la mejores personas que he conocido en política, donde abundan los narcisistas y los engreídos. Pero, además, Imaz es un político que favorece el entendimiento entre diferentes, que quiere una Euskadi en la que convivan en armonía quienes se sienten parte de esta sociedad desde diversas ópticas identitarias. Es un hombre muy preparado en el campo profesional -es químico, pero se ha movido en el terreno de la empresa en general- y conoce al dedillo la cultura vasca, infinitamente mejor que muchos a los que se les llena la boca de soberanismo y de antiespañolismo. Rechaza la violencia y el terrorismo sin medias tintas, sin el "pero" tan habitual en estos lares, utilizado por quienes invocan el "conflicto" para explicar lo inexplicable. En definitiva, es un político nacionalista sin complejos, sin resentimientos reales o ficticios, sin vértigos históricos. Sabe bien que Euskadi está por construirse políticamente en cuestiones muy básicas. Que no es el momento de las proclamas huecas, sino de tejer unos mínimos que unan a todos los vascos en el reconocimiento plural de su propia identidad. Es una pena que alguien así se retire de la política. Porque hacen falta muchos como él para que este país deje de moverse en círculo. Hace unos meses me dedicó una fotografía, bajo la que escribió "Josebarentzako, bihotz-bihotzez, nire gertutasun pertsonala eta miresmen profesionala adieraziz (Para Joseba, de corazón, como muestra de mi cercanía personal y de mi admiración profesional)". Lo guardaré con el cariño que Imaz se merece. Como testimonio de haber tenido la suerte de conocer a uno de los políticos vascos más importantes en muchos años.

1 comentario:

Crapúscula dijo...

Ojalá queden aún más como Imaz...