domingo, septiembre 30, 2007

Pleno de política general (y II)

La iniciativa presentada el viernes en el Parlamento vasco tiene como principal objetivo, en palabras del lehendakari, superar el movimiento en "espiral" en que se mueve la política en Euskadi. La fecha de la consulta es, en principio, lo más llamativo del procedimiento anunciado, aunque existen más peculiaridades a reseñar. La primera es, si duda, la fórmula que rige en la parte inicial del calendario. En función de la misma, serían el propio Ibarretxe y el presidente del Gobierno de España, José Luis Ródríguez Zapatero al menos hasta marzo, quienes negociarían directamente cómo se concreta el ejercicio de lo que se viene llamando "derecho a decidir". En el Ejecutivo de Vitoria se admite abiertamente que no se espera ningún fruto de esas conversaciones. Nadie confía en que ni siquiera se discuta formalmente esta cuestión, menos aún con unas elecciones generales a la vista. Por lo tanto, ¿por qué se ha incluido en el esquema esta primera fase? La respuesta parece evidente. En 2001 el tensionamiento político dio réditos electorales a la coalición PNV-EA por la forma en que el entonces presidente Aznar, y también el PSOE, hicieron frente a la situación, con palabras gruesas y equiparaciones desatinadas. Cuatro años después, a pesar de que la propuesta de Nuevo Estatuto fuera rechazada en el Congreso sin haberla tramitado siquiera, la coalición no obtuvo buenos resultados, porque Zapatero es visto mayoritariamente en el País Vasco como un político bien intencionado que se ha arriesgado en las reformas territoriales e, incluso, en la apuesta por la paz. Por eso, el tripartito es perfectamente consciente de la necesidad de "desenmascarar" al presidente, haciéndole aparecer como enemigo de la consulta y de dar la palabra a los vascos. Es el motivo por el que se le apela tan directamente en esa primera parte de la hoja de ruta. Para desgastarlo y poder presentarse ante la sociedad vasca asegurando que en lo que concierne a Euskadi Zapatero es igual que Rajoy. El actual presidente del Gobierno es el mejor valorado en el País Vasco en toda la actual etapa democrática y eso explica la necesidad del tripartito de apretarle las tuercas. Dando por supuesto que no va a haber nada parecido a un acuerdo, ni tan siquiera a una negociación, de aquí a junio de 2008, en esa fecha el lehendakari deberá ir al Parlamento a pedir su visto bueno para la convocatoria de una consulta "habilitadora", ya que de lo contrario adelantaría las elecciones autonómicas. Teniendo en cuenta los precedentes de diciembre de 2004, la izquierda radical, representada ahora por EHAK, buscará algún tipo de justificación para combinar su negativa a la celebración de una consulta a nivel de la CAV, porque deja fuera a los navarros, con su querencia por empujar al PNV hasta el límite de sus posibilidades. El Gobierno vasco se encontraría así ante la necesidad de llevar a cabo la consulta en octubre. Pero, incluso aunque desde diferentes puntos de vista fuera viable que se celebrara el referéndum, el escenario se podría complicar aún más si la izquierda radical opta por abstenerse en el mismo por la cuestión ya apuntada de la territorialidad y por considerar, en realidad, que la hipotética pregunta perjudica a ETA. De esta manera, podría ocurrir que la consulta fracasara por contar con un índice de participación que, siendo optimistas, rondaría el 30% del censo. ¿Arreglaría esto la situación en Euskadi? La respuesta es evidente: no. Y quienes quedarían en un callejón sin salida política no serían las fuerzas de la oposición, sino el propio Gobierno vasco y los partidos que lo sustentan. La primera reacción del presidente Zapatero ha sido muy inteligente desde el prisma de la defensa de sus propios intereses. Viene a decir que se debe actuar con mucha calma. Por ello, ha anunciado que recibirá al lehendakari, es decir que sigue dispuesto a escuchar y a dialogar, pero se opondrá frontalmente a sus pretensiones tal y como han sido formuladas. Con ETA amenazando por doquier, el próximo año puede ser terrible en Euskadi. Con el terrorismo presente y activo sólo se puede convocar una consulta si es para ratificar un acuerdo previo avalado por las fuerzas políticas democráticas vascas en su totalidad, como ocurrió en 1979 con el Estatuto. Hacerlo sin ese consenso previo resulta inaceptable. En cualquier caso, hay una variable que puede resultar clave en los meses venideros. El desarrollo de los acontecimientos a nivel interno en el PNV puede decantar la situación. En principio, el logro de un consenso muy delicado entre las diferentes sensibilidades del partido choca con lo anunciado el viernes en Vitoria. Imaz conocía las intenciones del Gobierno vasco y por eso se va. Pero está por ver si la nueva dirección entrante se ve representada plenamente en el guión presentado en el legislativo vasco. Los puentes de diálogo levantados trabajosamente en los últimos años entre nacionalistas y socialistas son demasiado valiosos como para dejarlos caer de golpe, con estrépito y sin garantías de éxito desde la óptica de quien lideraría el nuevo ciclo anunciado por el lehendakari. Desde el tripartito se recordará que los socialistas han entregado Navarra a UPN y que en la práctica actúan como el PP, pero está por ver si eso cala a nivel social y en el sector del PNV que defiende el acuerdo entre diferentes. Quizás la clave de lo que finalmente acontezca esté justamente ahí, en el seno del PNV, en primera instancia, y en manos de sus votantes, después.

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