miércoles, octubre 31, 2007

Justicia para el 11-M

Cada vez que pienso en el 11 de marzo de 2004 o escucho a las víctimas o a sus familiares relatar el horror sufrido aquel día se me revuelven las tripas. Sin ninguna duda, los días que pasé en Madrid entre el 11 y el 16 ejerciendo mi labor periodística me dejaron una huella indeleble. La nausea del primer momento, la tensión al llegar a la ciudad pocas horas después de la carnicería, la infinita tristeza al comprobar a pie de calle la magnitud del crimen, el orgullo por la inmensa manifestación de repulsa de los atentados y de solidaridad con las víctimas, y la estupefacción por la gestión informativa del Gobierno son algunas de las sensaciones a flor de piel de aquellos días trágicos. Más de una vez he pensado en Daniel, el hijo de Pilar Manjón, como figura representativa de todas las víctimas del 11-M. Un chico lleno de ilusiones y de ganas de vivir, a quien unos asesinos desalmados arrancaron de cuajo su futuro. Es imposible no sentir una rabia profunda en esas ocasiones pero, sobre todo, aun sabiendo que nada ni nadie podrá compensar jamás la pérdida de tantas vidas inocentes, desde una reflexión lo más serena posible se impone la exigencia de justicia. Hoy se ha dado el primer paso, aunque algunas penas se antojan excesivamente leves. Queda probado, hasta donde es posible probar todo lo que pasó antes, durante y después del 11-M, que fueron unos atentados islamistas sin conexiones con los terroristas de ETA. Quienes han exhibido durante tantos meses la teoría de la conspiración de forma tan gratuita deberían, ahora, pedir disculpas por haber sembrado sospechas infundadas, mucho más allá de la lógica petición de esclarecimiento total de los hechos. El PP ya pagó en las urnas su apuesta por la confusión durante aquellos días y, precisamente por ser consciente de que los ciudadanos no quieren triquiñuelas ni falsedades en torno a una cuestión tan sensible, debería reconocer su reiteración en el error antes de la próximas elecciones generales. Un repaso a la hemeroteca nos colocaría, de bruces, ante las tremendas barbaridades que se han dicho en estos últimos años acerca de este caso. Utilizar un suceso tan infinitamente grave para provecho político y para justificar lo injustificable no es aceptable ni justificable en ningún caso. Pero por encima de las miserias políticas, lo más importante es que hoy se ha dado un paso fundamental para determinar quiénes fueron los autores de la mayor masacre terrorista que ha padecido España. Que los culpables paguen por el inmenso dolor causado, aunque eso apenas dé consuelo a las víctimas y a sus familiares, y que se recuerde a todas ellas desde la unidad y el respeto es el mínimo exigible en un país civilizado y democráticamente maduro.         

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