viernes, octubre 05, 2007

Las víctimas

Hoy se ha celebrado en el Parlamento vasco el pleno monográfico sobre las víctimas del terrorismo. Se pretendía responder de esta manera, aunque fuera de forma tardía, a un compromiso adquirido en 2003 por la propia Cámara. Al principio de la sesión, el objetivo principal consistía únicamente en salvar los muebles a través de algún acuerdo de mínimos en el que, evidentemente, no iba a participar EHAK, preocupada por las detenciones de dirigentes de Batasuna y por la suerte de los presos de ETA pero a la que le trae al pairo lo que ocurra con las víctimas. Es verdad que en estos últimos años se ha avanzado formalmente en el reconocimiento de quienes han sufrido el desgarro de la violencia tras la petición de perdón en abril de este mismo año por parte del lehendakari Ibarretxe como consecuencia del olvido al que han estado sometidos. Otra cosa diferente es que se haya llevado esa adhesión hasta las últimas consecuencias. A nivel social todavía sigue siendo más cómodo aparecer de la mano de los victimarios en la mayor parte del País Vasco. Garantiza la inmunidad frente a los desmanes de los terroristas y de sus acólitos. Por el contrario, mostrarse afectuoso con las víctimas sólo genera problemas en una sociedad que parece vuelta del revés. Los asesinos son reivindicados a menudo como víctimas y quienes claman al cielo por lo que les ha tocado padecer aparecen a ojos de muchos ciudadanos como elementos molestos al servicio de estrategias políticas ajenas. Hay que levantar la voz ante tamaña injusticia. Es imprescindible arropar a quienes han padecido la brutalidad terrorista y mostrarles la máxima cercanía posible, dejando claro que en Euskadi hay una barrera clara entre quienes han generado sufrimiento y quienes lo han padecido. Hace unos días me crucé en la calle con el padre de un preso de ETA que asesinó a un ertzaina. Me miró lleno de odio, como si yo fuera el asesino. No se puede jugar a los equívocos en estas cuestiones estableciendo equidistancias perversas entre víctimas y victimarios. Los derechos humanos son para todos, pero quienes han basado su estrategia en no respetarlos tienen que sentir el rechazo social. Y no al revés. De lo contrario, la sociedad vasca no avanzará de forma real en su sensibilización. Por motivos personales, siempre tengo muy presente a la niña Silvia Martínez Santiago asesinada el 4 de agosto de 2002 en el cuartel de la Guardia Civil de Santa Pola, en Alicante. Su madre, Toñi, es una luchadora infatigable, ejemplo de valentía y tesón. Silvia y los más de 800 asesinados por los terroristas de ETA deben estar siempre en nuestro recuerdo, día a día, como parte de cada uno de nosotros, sin olvidar que los mataron con el objetivo de quebrar el modelo de convivencia que nos hemos dado de forma democrática. La defensa de su memoria exige el compromiso firme de que los terroristas nunca conseguirán quebrar por la vía del terror el espacio de libertad construido trabajosamente en los últimos 30 años. Se lo debemos a Silvia y a cada una de las víctimas de ETA y los partidos vascos deben estar a la altura de las circunstancias para actuar en consecuencia. Que ya va siendo hora.

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