miércoles, octubre 24, 2007

Modelo de país

El presidente del GBB del PNV, Joseba Egibar, ha propuesto, de cara a las próximas elecciones generales, la unidad de todas las formaciones políticas que respaldan la hoja de ruta expuesta por el lehendakari en el pleno de política general del pasado 28 de septiembre. El objetivo de la nueva coalición consistiría en visualizar que existe una mayoría social sólida en Euskadi en torno a la puesta en práctica del llamado derecho a decidir, tal como lo entiende el Ejecutivo tripartito. Probablemente es una de esas iniciativas condenadas de antemano al fracaso, pero refleja una forma de entender cómo se debe construir el País Vasco. Los comicios de marzo también son un test para evaluar el sentir social en la CAV y en Navarra, y es bien sabido que en todas las generales los partidos de ámbito español logran mejores resultados que las formaciones nacionalistas. Para quitarse esa piedra del zapato en el desarrollo de la iniciativa del Gobierno de Vitoria, se propone ahora una entente que visualizaría una indeseable polarización política y social. Por el momento, los destinatarios de la iniciativa han evitado comprometerse con la misma. Eusko Alkartasuna ya tuvo hace un año un debate interno muy complejo, cuyas heridas aún perduran, sobre la conveniencia o no de seguir concurriendo a las elecciones de la mano del PNV y optó por no hacerlo. Ezker Batua defiende las posiciones del lehendakari -el Plan Ibarretxe resultó ser un caso paradigmático- pero a la hora de la verdad siempre intenta marcar un perfil propio y diferenciado y, finalmente, Aralar no tiene peso suficiente para dinamizar ninguna propuesta unitaria. Lo peor es que desde algunos sectores se haya especulado con la posibilidad de incorporar a la izquierda abertzale a una operación de este tipo, desde el convencimiento de que ETA "tomaría buena nota y actuaría en consecuencia", se supone que anunciando un momentáneo abandono del terrorismo. Quienes han sugerido esta combinación no lo han hecho, a buen seguro, desde el convencimiento de su viabilidad política sino como mera maniobra de distracción pero, en cualquier caso, resulta hiriente que alguien lance este tipo de propuestas mientras ETA sigue al acecho, amenazando y dispuesta a cometer actos criminales en cualquier momento. En todo caso, al margen de las sopas de siglas, lo que subyace bajo estos afanes de unidad es la creencia de que la sociedad vasca se puede construir sobre la acumulación de fuerzas, enfrentándose en las urnas a modo de dos bloques lo más estancos posible. Euskadi nunca se ha construido así a lo largo de su historia, precisamente porque la progresiva institucionalización vasca ha sido siempre un punto de encuentro en el camino. Los ciudadanos se expresan libremente y los partidos políticos, en función del peso logrado, negocian los posibles avances en esa vía. Esa es la única fórmula, la que deja el fiel de la balanza en manos de los propios vascos. Lo otro, la unión de semejantes, es el camino hacia un país inviable.

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