viernes, octubre 19, 2007

Ondarroa

Enfrentarse a la izquierda radical se paga caro. La quema del vehículo particular no es de las peores cosas que le pueden pasar a quien se niegue a actuar, por acción u omisión, bajo las directrices del conglomerado totalitario, pero no deja de ser un síntoma muy grave de la enfermedad que aqueja a determinados sectores de la sociedad vasca. En Ondarroa ANV no pudo presentarse a las elecciones municipales porque su lista fue ilegalizada y el voto nulo sumó 2195 papeletas, mientras el PNV obtenía 1720, EA 347, EB-Aralar 194 y el PP 191. La suma de votos nacionalistas legales más Ezker Batua fue, por tanto, de 2261 sufragios y el de quienes no optaron por la papeleta nula en cualquiera de sus variantes de 2452. Es decir, que hay más ciudadanos de Ondarroa que eligieron listas legales que los que se decantaron por seguir las consignas de la izquierda radical. Sin embargo, los ediles elegidos según el baremo de legalidad no se presentaron en el momento de tener que constituir la corporación, con la única excepción del representante del PP. Ello obligó, como es bien sabido, a tener que designar una gestora municipal que debe representar a esa mayoría de ondarrutarras que desea hacer política respetando a sus convecinos. Si la izquierda radical diera definitivamente un paso tan básico como ése estaría gobernando el Ayuntamiento, pero, agazapándose en una dialéctica timorata y vacía, se niega a soltar amarras con quienes practican el terrorismo, y la combinación de política y violencia es incompatible con el más elemental concepto de democracia. No se puede estar en las instituciones como si no pasara nada mientras grupos de matones siembran el terror entre los adversarios políticos con el silencio cómplice de quienes se pasan el día ofreciendo ruedas de prensa para quejarse de que no se les deja hacer política. Al frente de la gestora ondarresa está Félix Aranbarri, primer alcalde de la villa en la etapa democrática, vecino ejemplar y ciudadano de probadísimas convicciones democráticas y favorable al dialogo incluso en las peores circunstancias. Precisamente por eso le quemaron su 4x4 hace dos días. Porque no se amilana ante la amenaza, porque busca el progreso de su pueblo, porque actúa desde el respeto a las opciones políticas de quienes respetan la suya. Por ese pecado está en el punto de mira de los violentos, que demuestran así que, efectivamente, no entienden de respeto ni de democracia, cuando es lo único que se les pide para actuar legalmente. El de Ondarroa es un nuevo episodio del día a día de una comunidad autónoma en la que quien discrepa públicamente de Batasuna y sus secuaces adquiere muchas papeletas para sufrir más de un disgusto. Perderse en otras disquisiciones mientras el totalitarismo pretende imponerse en Euskadi a través del fuego es un ejercicio perverso.

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