viernes, noviembre 16, 2007

De nuevo EA

Los días 16 y 17 de diciembre se celebrará en el Kursaal de San Sebastián el VII Congreso de Eusko Alkartasuna. La relevancia de esta fuerza política no radica tanto en su peso electoral, como en la capacidad de influencia que ha adquirido con el paso de los años en determinados sectores del PNV y en la presencia institucional lograda en el Gobierno vasco gracias, precisamente, a haberse presentado a los últimos comicios autonómicos de la mano de los jeltzales. En principio, no hay grandes novedades en la ponencia elaborada de cara a la cita congresual, que en el caso de EA casi siempre suele resultar convulsa y descarnada. El diagnóstico de la situación política pasada y actual es el expresado en sus apariciones públicas por la dirigencia del partido. Se denuncia el incumplimiento íntegro de las previsiones competenciales estatutarias, así como el rechazo por parte del Congreso al que se conoció como Plan Ibarretxe, y se explicita una apuesta inequívoca en favor de la nueva hoja de ruta detallada por el lehendakari en el pleno de política general del pasado 28 de septiembre. Para EA el modelo autonómico ya "no da más de sí" y, por ello, tras realizar una aproximación histórica y jurídica al tratamiento dado al derecho de autodeterminación en los casos británico y canadiense en concreto -informe Kilbrandon de 1973 y dictamen de la Corte Suprema en 1998, respectivamente-, defiende una consulta popular en Euskadi, pero matizando que en la misma debería exigirse "una mayoría, sin añadiduras de transversalidad que supondrían otorgar derecho de veto a los partidos estatales o primar a las minorías". Lo que no queda claro es cómo espera obtener EA esa mayoría si en Álava los partidos constitucionalistas suman más, en Navarra el nacionalismo sigue siendo muy minoritario y en Iparralde ni tan siquiera parece haber masa crítica para estructurar de forma eficaz la demanda de un Departamento propio. El rechazo a la transversalidad en un lugar como Euskadi, que es ejemplo de pluralidad y donde las gradaciones identitarias son múltiples y extremadamente complejas, parece una apuesta insensata, además de constituir un callejón sin salida para las propias aspiraciones de EA. Se habla de Euskal Herria desde la metafísica, dando por sentado que las aspiraciones de este partido y la realidad política sobre el terreno encajarían perfectamente si sólo se tratara de respetar la voluntad de los ciudadanos vascos sin la "molestia" que supone el Gobierno español. El problema principal para EA radica en que eso no es así. No sólo porque las urnas demuestren un creciente desapego hacia la particular oferta de la formación fundada en 1986, sino, ante todo, porque la sociedad vasca demanda de forma mayoritaria una serie de delicados equilibrios políticos, de entendimientos básicos entre diferentes, como la mejor manera de avanzar desde la plena asunción de la propia pluralidad, que exige una constante y saludable tensión democrática en función de la relación de mayorías y minorías del momento histórico concreto, pero condicionada siempre a la necesidad de avanzar todos juntos. Lo otro, la acumulación de fuerzas, está condenada al fracaso, porque provoca un choque de trenes interno y externo y aleja de forma inexorable a los territorios, poniendo en tela de juicio la propia viabilidad de Euskadi, y no digamos ya de Euskal Herria, como realidad política. Aunque en las directrices ideológicas y estratégicas no se observen cambios de calado, todo indica que Begoña Errazti no seguirá al frente de EA. La actual mayoría, que ella lideró en el congreso anterior, parece no estar dispuesta a pasar por alto la apuesta en primera instancia de la presidenta del partido en favor de la coalición con el PNV cuando este asunto se debatió hace un año. El problema es que no hay demasiados candidatos para sustituirla. Joseba Azkarraga es el más carismático entre sus bases, pero no domina el euskera, y Unai Ziarreta, otro de los nombres apuntados, no tiene problemas con el idioma pero el suyo es un perfil gris y poco dado a provocar emociones. EA constituye un auténtico milagro político, porque cada vez que parece entrar en coma por sus desaguisados internos y sus pobres resultados en las urnas revive por sorpresa manteniendo un poder institucional muy superior al que se corresponde a su presencia social. Está por ver hasta cuando. Dependerá de ellos, pero también de quienes les han insuflado oxígeno. Su herencia podría consistir, en todo caso, en haber empujado al PNV a un terreno que no era el suyo hace veinte años.

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