domingo, noviembre 11, 2007

El tren que viene

La controversia suscitada en Euskadi sobre la próxima construcción de la infraestructura necesaria para el Tren de Alta Velocidad, conocida como "Y vasca", aumenta conforme avanza el calendario establecido. Me piden del blog del programa Ganbara de Radio Euskadi (http://blog.eitb.com/ganbaratik) un texto breve en el que argumente, a grandes rasgos, mi posición favorable a dicha obra. Es el que sigue:

Apuesta estratégica de futuro
El ferrocarril ha sido siempre sinónimo de progreso allí donde ha llegado. También de comodidad para los viajeros; de puntualidad, cuando funciona correctamente; y en los últimos años, caracterizados por el progresivo colapso de las carreteras, ha significado, asimismo, un pequeño alivio ante la avalancha de vehículos. En la actualidad la gran apuesta ferroviaria pasa, en todo el entorno europeo, por la alta velocidad. En Francia, sin ir más lejos, el TGV ha sido, durante el último cuarto de siglo, la principal opción de quienes viajaban entre diversos puntos del país, y en España la red del AVE comenzó a funcionar en 1992 a plena satisfacción de los miles de usuarios que se han desplazado en este tiempo entre Madrid y Sevilla. Han pasado ya más de 17 años desde que en Euskadi empezó a concebirse un proyecto propio que, a día de hoy, está dando los primeros pasos para convertirse en realidad. El amplio consenso político alcanzado vincula a partidos tan dispares como el PNV, EA, el PSE-EE o el PP, así como a las tres diputaciones y al Gobierno vasco. Todos los agentes implicados se han afanado en desarrollar un proyecto lo más respetuoso posible con el medio ambiente y que prime la eficiencia energética. La nueva red unirá las capitales vascas como nunca antes y complementará perfectamente el tráfico ferroviario de carácter más local. Los ejecutivos vasco y navarro han solicitado, además, hace escasos días, que se defina el punto de unión entre la Y de la CAV y el Tren de Alta Velocidad de la Comunidad Foral. Frente a la incomodidad y la lentitud actual, en el futuro se podrá viajar de Bilbao a Gasteiz en 28 minutos y a Donostia en 38, mientras que la conexión entre las capitales alavesa y guipuzcoana se realizará en 34 minutos. Los perjuicios que cualquier gran obra causa siempre serán, además, mucho menores que si se tratara de ampliar el cauce del transporte por carretera, como consecuencia de ocupar menos suelo y de discurrir, hasta en un 60%, por grandes túneles. El trazado tampoco afectará, en ningún caso, a los parques naturales de Euskadi. Con todos estos y otros muchos datos en la mano, no es casualidad que hace escasas fechas el presidente de la Asociación Catalana para la Promoción del Transporte Público, Ricard Riol, asegurara en declaraciones a un diario que la Y vasca es "un modelo a seguir para la alta velocidad española porque es eficiente, competitivo y sostenible". Más allá del impulso que para la economía vasca supondrá la mayor inversión realizada en la historia de la CAV, se producirá una mejora de la integración entre territorios y se colocará a Euskadi en el mapa de la red de Alta Velocidad Europea. Huelga enumerar los enormes perjuicios de todo tipo que provocaría quedarse al margen de las redes española y europea del ferrocarril rápido. Quienes han recibido el apoyo mayoritario de los vascos en las urnas para gestionar las principales instituciones del país han de seguir esmerándose por ampliar, si ello fuera posible, el marco del consenso y las garantías medioambientales, aunque ni el mejor de los empeños haría viable acercar posiciones con quienes legitiman la práctica de la violencia también contra las obras públicas, como prueban antecedentes bien conocidos. Sorprende, a estas alturas, que lo que en todos los países avanzados es un símbolo de progreso y bienestar se pretenda caracterizar en Euskadi como un proyecto megalómano lesivo para los intereses de la sociedad vasca. Las grandes apuestas en infraestructuras siempre generan polémicas y se gestan entre dificultades, pero no hay más que observar nuestras agonizantes carreteras y nuestra obsoleta red ferroviaria para empezar a entender la necesidad de convertir en realidad este proyecto estratégico como pocos. Desde la humilde visión de ciudadano vasco se comprende, enseguida, que se trata de no perder el tren del futuro.

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