martes, noviembre 20, 2007

Fanáticos

Llama la atención cómo desde ciertos sectores políticos en Euskadi se observa el fenómeno de la ultraderecha con autosuficiencia, queriendo dar a entender que éste es terreno vetado para ese tipo de ideologías. El asesinato de un joven en el metro de Madrid ha reavivado la polémica en torno a un posible rebrote de los grupos fascistas en España, sobre todo al calor de la inmigración. Nunca hay que perder de vista cualquier peligro de ese tipo, aunque da la sensación de que la alarma social generada, dejando al margen el dramático episodio del suburbano, se debe, sobre todo, a un interés mediático. En principio, no se observan grandes cambios ni avances en el campo de la ultraderecha en los últimos años en España. Se trata de un reducto más o menos estable hasta el momento y que, incluso, ha sufrido una franca regresión desde la muerte de Franco, aun siendo cierto que resulta muy preocupante la adhesión a ese campo de grupos de gente joven cuyo único objetivo parece ser el de hacer alarde de ultranacionalismo, de totalitarismo y de apología de la violencia sobre colectivos como los inmigrantes o los gays. Es verdad que esa concreta tipología totalitaria no tiene ningún caldo de cultivo en estos lares, afortunadamente, pero, a cambio, existen otra clase de expresiones políticas que defienden acallar al discrepante mediante el uso y el abuso de métodos violentos. En ese sentido, no es la nuestra una sociedad más avanzada que ninguna otra en esta materia. Ocurre que en el caso vasco el totalitarismo concentra sus objetivos no en el ataque a los foráneos que aquí vienen a vivir, pero sí en quien no comulga con una forma muy concreta de entender Euskadi, ajena a una especie de obsesión patriótica. Se dirá que unos actúan desde la ventaja que da disponer de Estado propio y otros desde la reclamación del mismo, como si esto sirviera para justificar algo. La tolerancia, el respeto a las opiniones de los demás o el rechazo de la violencia son asignaturas pendientes para una parte de la sociedad vasca. Es mucho más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio, pero yerra quien cree que los problemas los tienen los demás y que esta es una sociedad ejemplar. La autocomplacencia es un síntoma de esclerosis social y sólo las actitudes críticas y exigentes con uno mismo y con lo que le rodea permiten ir hacia mejor. En todos los países existe un sector que desea imponerse a los demás por vías violentas e ilegítimas, que no respeta a sus conciudadanos. Nosotros también lo tenemos. Y bastante extendido. Es hora de ser plenamente conscientes de ello.

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