jueves, noviembre 22, 2007

Las tribulaciones de Mas

La parte del nacionalismo catalán que lidera Artur Mas no termina de encontrar su camino desde su desalojo de la Generalitat. Se muestra desorientado, a la búsqueda de nuevas iniciativas políticas que le permitan dinamizar su discurso tradicional. Ahora anuncia su deseo de fundar la "Casa Grande" del catalanismo en torno a Convergència i Unió haciendo suya la defensa del llamado derecho a decidir. Mientras Josep Antoni Duran Lleida, máximo dirigente de la democristiana Unió toma distancias de todo lo que suene a soberanismo, el propio Mas parece tener serias dificultades para detallar hacia dónde quiere llevar a Catalunya a través del hipotético ejercicio de esa reivindicación. Apela a mayorías amplias que sean defendidas de forma conjunta por los partidos catalanes ante el Gobierno de España, cuando hace sólo unos meses negoció por su cuenta y riesgo con el presidente Zapatero el contenido del nuevo Estatut. Además, se pone la venda antes de que se produzca la herida cuando anuncia determinadas medidas en caso de que el Tribunal Constitucional recorte el texto estatutario. No es fácil querer mantenerse dentro de las reglas del juego, aceptadas entre otros por CiU, y jugar a la vez a romper la baraja sin explicitar cuál es la estación término que ahora propone la federación. Mirando hacia atrás, recuerdo la campaña electoral vasca que llevó a las elecciones del 13 de mayo de 2001. En Euskadi la situación política se había radicalizado hasta el extremo, mientras en el Congreso el PP y CiU seguían haciendo buenas migas. El discurso del PNV incomodaba bastante a los dirigentes nacionalistas catalanes y se les notaba mucho cada vez que se acercaban al País Vasco. Lo mismo sucedió con el denominado Plan Ibarretxe, acogido con frialdad en público y con perplejidad y rechazo en privado. Por eso llama la atención el progresivo viraje conceptual de Convergéncia Democrática de Catalunya, tomando como referencia un derecho a decidir expresado en términos vagos e imprecisos. ¿Es una apuesta de calado? Conociendo los antecedentes, parece más bien una estrategia para poner al tripartito ante sus contradicciones internas y acortar, de esa manera, su propia permanencia en la oposición. En definitiva, una campaña de marketing con la ambigüedad calculada como bandera. 

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