martes, noviembre 06, 2007

Mitos irlandeses

Determinados partidos vascos son muy dados a buscar referentes en el exterior para explicar o tratar de solucionar los problemas internos. Así, no es de extrañar la idolatría que algunos parecen profesar a lo que ha venido llamándose el modelo irlandés. Pareciera que las recetas mágicas para la resolución del problema vasco son las que se aplicaron en su día para poner fin a décadas de extrema violencia en el Ulster. La izquierda radical reclama copiar la declaración de Downing Street, se alaba la actuación del Gobierno de Tony Blair y se critica a los medios de comunicación españoles mientras los británicos, y singularmente la BBC, son objeto de alabanza por su saber hacer para ayudar a resolver el problema violento. En definitiva, se asume que la solución irlandesa ha sido "democrática", y prueba de la madurez de los estados británico e irlandés, mientras España permanece asilvestrada y se niega a abrir la puerta a una salida de similares características. Huelga decir que todas estas percepciones son producto de una especie de alucinación colectiva, producida al abrigo de intereses políticos muy concretos. Basta pasear por Belfast para darse cuenta de que los puntos en común entre las situaciones de Euskadi e Irlanda son, y han sido, escasos. Afortunadamente. El Reino Unido no ha padecido una dictadura como la de Franco y, sin embargo, los métodos utilizados en los seis condados por los sucesivos gobiernos durante décadas fueron más que discutibles desde el punto de vista de la salvaguarda de las libertades. Se utilizó al Ejército, se masacró a manifestantes, se dio cobertura a grupos paramilitares, se acalló sistemáticamente a los republicanos en los medios de comunicación... Incluso después de la puesta en marcha del proceso de paz tras el acuerdo de Viernes Santo se ha suspendido la autonomía norirlandesa durante largo tiempo sin que a nadie le temblara la mano. En España, desde la instauración democrática, se produjeron también hechos gravísimos -el caso de Joxe Arregi, y los del Batallón Vasco-Español o el GAL son algunos ejemplos- pero en términos generales, y sobre todo en los últimos años, la situación ha mejorado considerablemente, y, con un mínimo rigor histórico, pocas lecciones se pueden extraer del comportamiento de los británicos en Irlanda. Mitificar la solución irlandesa y el sentido democrático del Gobierno británico no arreglará el problema vasco. Ayudará más, sin duda, mostrarse firme ante los violentos y trabajar por lograr grandes acuerdos entre los propios vascos. 

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