martes, noviembre 27, 2007

Partidos democráticos

La semana pasada un grupo de periodistas acudimos a la llamada del programa Políticamente Incorrecto de Euskal Telebista para analizar qué queda a estas alturas de la Declaración de Anoeta explicitada por Batasuna el 14 de noviembre de 2004. Con el paso del tiempo he participado en infinidad de debates televisivos sobre cuestiones políticas relacionadas con Euskadi, aunque en esta ocasión acudí especialmente motivado ya que iba a encontrarme con algunos de los compañeros que más admiro por su rigurosidad y exquisitez periodística y analítica. Mariano Ferrer, columnista de El Mundo y auténtico referente del periodismo vasco; Alberto Surio, profesional del Diario Vasco y uno de los que mejor conocen los entresijos de la política por estos lares; Luis R. Aizpeolea, periodista de El País, de trayectoria ejemplar y absolutamente imprescindible para quien quiera estar bien informado sobre lo que se cuece en Madrid en relación a Euskadi; Paco Marhuenda, subdirector de La Razón, magnífico conocedor de las interioridades del PP y persona muy allegada en su día a Mariano Rajoy; y Martxelo Otamendi, director de Berria y una de las principales voces del periodismo en euskera, fueron quienes me acompañaron en la tertulia durante más de una hora. A uno siempre le queda la duda del interés que este tipo de disquisiciones políticas pueden generar entre la audiencia a medianoche pero a tenor de lo que aseguran los responsables del programa son, precisamente, este tipo de debates los que más éxito tienen de todos los que se hacen cada semana sobre diversas cuestiones. La conclusión mayoritaria de quienes participamos en el programa fue que la izquierda radical ha dejado pasar la ocasión que para ella supuso el anterior proceso de paz y que lo ha hecho por su incapacidad para actuar con autonomía respecto a ETA. En mi caso, recordé que ya salí siendo bastante escéptico del propio acto del Velódromo porque lo que allí se produjo fue una mera declaración de intenciones, acompañada de una auténtica apología de la violencia. Aunque no lo dije en ETB, poco podía haberme creído a Otegi cuando al salir los periodistas del recinto se repartieron ejemplares del número 100 del boletín de ETA en el que se me concedía media página con fotografía incluida acusándome de ser un periodista-polícia, con todo lo que ello implica. El debate transcurrió con normalidad hasta que expresé mi convicción de que la única manera de hacer recapacitar a Batasuna y a su mundo es que los "partidos democráticos" se muestren unidos en materia antiterrorista e inflexibles antes quienes justifican a ETA. En ese momento, Martxelo Otamendi saltó como un resorte para señalar que, a su juicio, ni al PSOE ni al PP se les puede considerar partidos democráticos por el GAL, en el primer caso, por la guerra de Irak, en el segundo, y por la persistencia de casos de tortura en comisarías, en ambos. Así, denunció haber recibido malos tratos en 2003 cuando fue detenido tras el cierre de Egunkaria. En esa tesitura, todos mostramos nuestro frontal rechazo a cualquier tipo de maltrato policial y coincidimos en la necesidad de que se investiguen todas las denuncias que se puedan producir porque es obligación de un Estado de Derecho velar también por la integridad de quienes son encarcelados. Pero, a partir de ahí, resulta inaceptable tildar de antidemocrático al PP por su apoyo a la invasión de Irak, que particularmente siempre rechacé. Resulta complejo analizar todos los motivos que sustentan esta afirmación porque requeriría de un análisis minucioso de los resortes de la política exterior de cualquier país pero, por ser gráfico, si apoyar a Bush en su aventura iraquí supusiera dejar de pertenecer al ámbito democrático, un partido con el pedigrí del Laborista británico también habría cruzado ese umbral, y nadie mínimamente cabal puede sostener semejante cosa. Es como si a la propia Batasuna se le endosarán las víctimas de los regímenes totalitarios a los que apoya a lo largo del planeta. Respecto al GAL, es indudable que se trató de una macabra muestra de terrorismo de estado que sólo contribuyó a deslegitimar más al propio Estado a ojos de muchos vascos. Si el terrorismo debe ser siempre objeto de condena, lo es más cuando se promueve desde las estructuras estatales que deben velar por los derechos de los ciudadanos y más aún cuando se trata de un Estado de Derecho. A ETA hay que combatirla con la ley en la mano, sin atajos, con la legitimidad democrática. No sólo por ser esa la vía exclusiva a la que se debe limitar un demócrata, sino también por ser la más eficaz. No obstante, el GAL y sus antecesores son ya un tristísimo pasaje de la historia reciente. Por eso es llamativo que desde las filas de la izquierda radical, dejando de lado ya lo dicho por Otamendi, se siga aludiendo a un grupo terrorista que desapareció hace dos décadas como si eso sirviera para justificar a quienes siguen dispuestos a asesinar, máxime cuando a nadie se le escapa que el precio de la paz en Euskadi será, al final, la progresiva puesta en libertad de quienes han asesinado a cientos de personas. Ese es el verdadero problema. Que la mayoría de los vascos, nacionalistas y no nacionalistas, rechazan la violencia ilegítima en todas sus variantes, mientras Batasuna es incapaz de denunciar la que practica ETA. 

1 comentario:

Crapúscula dijo...

Me resultó de lo más interesante visto en la tele ultimamente... por si vale mi voto como parte de la audiencia...