miércoles, noviembre 14, 2007

Qué lejos queda Anoeta

Se cumplen tres años justos de la Declaración de Anoeta. Lo que se volvió a presentar como una apuesta de calado, incluso se manifestó que era irreversible, ha quedado, a día de hoy, como la mera escenificación de un gran intento de engaño a la sociedad vasca. A tenor de lo que se dijo aquel sábado lluvioso en Donostia, la izquierda radical iba a aceptar las vías democráticas para canalizar y superar su tradicional visión y su forma de hacer frente a los problemas políticos en Euskadi. El conflicto debía salir de las calles y solucionarse a través de cauces democráticos y de diálogo, según recalcó Arnaldo Otegi en el velódromo. No importó que en el mismo acto se ofreciera un vídeo apologético de la violencia. Era una forma de justificar su pasado, subrayaron los observadores más condescendientes, pero lo verdaderamente importante era el horizonte de esperanza que se abría tras años de amargura. Tampoco había que tenerles en cuenta que mientras ofrecían paz y diálogo repartieran entre sus huestes el número cien del boletín de ETA, el Zutabe, lleno de amenazas dirigidas hacia todo el que discrepara de sus rancios postulados. Se trataba de un desahogo, de un cierre de filas que garantizaba la conveniente unidad de toda la izquierda abertzale, escribieron o hicieron saber en prensa, radio y televisión los analistas más agudos. El advenimiento de una nueva etapa era ya irreversible, porque esa vez sí eran bien consistentes las bases del proceso, proclamaron. Pero, una vez más, erraron. Anoeta fue quedando en un mero lavado de cara que únicamente pretendía jugar a la simulación mientras se trataba de obtener el máximo beneficio político bajo la tutela de ETA. La izquierda radical siempre ha estado convencida de que, a la hora de la verdad, lo que las urnas no le conceden se lo dará la presión de la banda terrorista, su amenaza de volver a matar si no se aceptan sus tesis en la mesa de negociación. Pero ni fue, ni es ni será así y deberá partir de esa realidad si realmente quiere buscar una salida tanto al problema terrorista como a su incorporación al marco democrático. Se le debe hacer entender que por muchas vueltas que le quiera dar a su interpretación del pasado y el presente de Euskadi, nadie le acompañará mientras siga dando por bueno el recurso a la violencia para la consecución de objetivos políticos. Si algo ha demostrado el paso de los años es que sólo la perseverancia democrática de la sociedad vasca obligará a cambiar a los violentos y a sus acompañantes. El nivel de exigencia no debe rebajarse ni lo más mínimo y los partidos políticos harían bien en actuar unidos en la defensa de las premisas más básicas de respeto a la pluralidad y a las vías pacíficas y democráticas. Anoeta quedó en ruinas porque ETA y quienes mandan en Batasuna no se creyeron lo que allí se dijo. Pero, tarde o temprano, los terroristas y sus palmeros tendrán que terminar asumiendo que la vía alternativa por la que han optado, la de la coacción violenta y el asesinato, sólo les conduce a la cárcel y al desprecio de la inmensa mayoría de los vascos.   

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