viernes, diciembre 28, 2007

¿Enfrentamiento civil?

Ayer participé, como todas las semanas, en la tertulia política del programa Ganbara de Radio Euskadi, ejemplo de pluralidad y buen hacer de la mano de Dani Álvarez. Hablamos largo y tendido de la situación en Pakistán y después pasamos a un bloque de análisis de lo que acontece en Euskadi. Uno de los compañeros contertulios mencionó el riesgo de que se pueda llegar a una confrontación civil como consecuencia de la tensión que se palpa tras la ruptura del alto el fuego de ETA y criticó los atentados de la banda, la ilegalización de Batasuna y sus herederas y la dispersión de los presos, a pocos días de que una familiar de uno de ellos haya fallecido en accidente de tráfico al desplazarse a prisión. Discrepo totalmente de que en Euskadi exista riesgo de ningún tipo de enfrentamiento civil. Afortunadamente. Lo que hay es una presión creciente de un grupo minoritario e intolerante contra la mayoría. No recuerdo apenas ningún caso en que los militantes o simpatizantes de la izquierda radical hayan sido incomodados por el resto de ciudadanos vascos, salvo durante la revuelta provocada por el asesinato de Miguel Ángel Blanco. En cambio, los seguidores de Batasuna llevan actuando muchos años en las calles contra quienes discrepan de sus postulados. El último ejemplo se ha producido en Lekeitio, donde un grupúsculo de intolerantes entró ayer en el batzoki de la localidad a increpar a quienes allí estaban tranquilamente reunidos. Pero este tipo de actuaciones no se deben a una coyuntura de ilegalización. Siempre se han producido, también cuando Herri Batasuna era legal. Aún recuerdo las concentraciones que se organizaron en contra de las protagonizadas, por ejemplo, por Gesto por la Paz. En vez de respetar el derecho de los grupos pacifistas a mostrar su repulsa ante los atentados de ETA, la izquierda abertzale no tuvo mejor idea que dedicarse a provocar a quienes ejercían su derecho a manifestarse. Esas contraconcentraciones se mantuvieron durante mucho tiempo como forma de presionar y amedrentar a todos aquellos que comenzaban a salir a las calles contra la banda terrorista. También han sido innumerables las ocasiones en que han organizado auténticos follones en muchos plenos municipales. Tengo presentes los gravísimos incidentes de Hernani, por ejemplo, producidos cuando la oposición arrebató la alcaldía a la izquierda abertzale, que ostentaba la mayoría, mientras que tras estas últimas elecciones locales EA y ANV, sin ir más lejos, se han unido para impedir que el PNV gobernara en pueblos como Busturia o Arteaga sin que haya pasado nada. También me vienen a la memoria casos en los que ha habido concentraciones de gentes de Batasuna ante las casas de ediles del PNV con el único objetivo de meterles miedo y de presionarlos. Por tanto, no veo motivos para sostener que exista riesgo de enfrentamiento civil en Euskadi, gracias a la conciencia democrática de la mayoría. Lo único que hay es un grupo supuestamente político que ampara el terrorismo de ETA y actúa en función de una estrategia compartida y cuyos seguidores no respetan al resto de ciudadanos vascos. También se señaló en la tertulia que Francia no ha dado pasos para ilegalizar a Batasuna. Y es cierto. Tan verdad como que Batasuna actúa en Francia de forma bien diferente a como lo hace en España, tentándose bien la ropa, a sabiendas de que el Estado francés no se anda con bromas en estas cuestiones y de que necesitan esa retaguardia para sostener sus actuaciones a este lado del Bidasoa. A la izquierda radical no se le exige nada raro para hacer política desde la legalidad. Únicamente que respete a sus adversarios políticos. Que no se valga del terrorismo de ETA para lograr objetivos políticos ni participe de su estrategia. En definitiva, que haga política y nada más que política. Es lo mismo que se les exige al resto de formaciones, desde EA, que también es independentista, a Aralar, que es parte de la izquierda abertzale, o a ERC en Catalunya, o al mismo PNV. Es muy sencillo. Si tantas ganas tienen de hacer política, las puertas están abiertas de par en par. Que defiendan sus ideas con la fuerza de los votos, articulando las alianzas que consideren necesarias para maximizar su fortaleza política. El problema es que, a día de hoy, no están por la labor, por mucho que se les llene la boca de victimismo y de apelaciones a que se les deje actuar desde la legalidad. Que nadie se engañe.   

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