sábado, diciembre 08, 2007

Ideología y marketing

El PSOE parece decidido a virar hacia el centro para consolidar su victoria en las próximas elecciones generales. En España la tierra de nadie ideológica siempre ha sido muy apetecida por los grandes partidos, tal vez por el recuerdo del efímero éxito de la UCD durante los primeros años de la transición. No está tan claro que sea el votante de centro quien quite o dé gobiernos, porque hay estudios bien fundamentados que, con los resultados en la mano, indican que los socialistas, por ejemplo, van a depender en marzo del grado de movilización de quienes actúan en clave nítida de izquierda. La legislatura que acaba no ha sido especialmente bronca porque el Gobierno haya aplicado políticas progresistas, sino, sobre todo, por la sombra del 11-M y por el proceso de paz en Euskadi. Nadie se asusta, a estas alturas, salvo tal vez quienes el lunes pasado gritaban "maricón" a Pedro Zerolo, por la posibilidad de que dos personas del mismo sexo puedan contraer matrimonio, ni por las ayudas a los familiares de las personas dependientes, o por las medidas adoptadas contra la violencia machista. La gran mayoría tampoco ve motivos de preocupación en la Ley de Memoria Histórica, en cuanto que pretende sacar de las fosas comunes y devolver la dignidad a quienes perdieron la Guerra Civil, sin el afán de pasar mayores facturas. No es, pues, su balance legislativo el que pueda causar perjuicios irreparables a las aspiraciones socialistas de repetir éxito electoral, sino más bien al contrario. Por eso, si por acercarse al centro se entiende tender la mano al adversario, poner el acento en la estabilidad económica o impulsar grandes acuerdos en materias básicas como la educación, nadie tendrá nada que objetar. Si se trata de desdibujar el perfil de un Gobierno que fue elegido, entre otras cosas, para dar pasos en materia social, se incurrirá en un error. Alejándose de los extremos, los grandes partidos que son alternativa real deben mantener unos perfiles ideológicos claros, porque, de lo contrario, al final parece que da igual quien gobierne. En un sistema plural no es bueno que el puro marketing termine sustituyendo a las ideologías, aunque la tentación siempre esté presente.      

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