lunes, diciembre 10, 2007

Impasse

Dejando a un lado el matonismo, a sus socios y sus consecuencias, la política vasca en sentido estricto está sumida en un parón del que no parece que vaya a recuperarse hasta después del paréntesis navideño, cuando comience de lleno el run-run preelectoral. En principio no se anuncian grandes novedades como consecuencia de las renovaciones internas del PNV y de EA, ya que aunque cambien las caras no parece que vaya a haber corrientes de fondo que alteren las líneas programáticas ya establecidas. En todo caso, de cara a 2008, el nacionalismo vasco deberá establecer con mayor claridad cuáles son sus objetivos más inmediatos. Los resultados de las urnas decantarán en última instancia el alcance de la apuesta del lehendakari Ibarretxe y de sus socios de gobierno, pero no estaría de más que se establezca con nitidez hacia dónde se quiere ir. Parece insuficiente la apelación genérica al llamado derecho a decidir si no se le dota de contenido. ¿Derecho a decidir para renovar el marco de autogobierno? ¿Para superarlo en distinta dirección a la que han apuntado las reformas estatutarias aprobadas esta legislatura? ¿Para retomar los principios que ya aparecen reflejados en el Nuevo Estatuto Político? ¿Para establecer dos soberanías al mismo nivel? Aclarar el panorama sería bueno para que los ciudadanos sepan, de forma fehaciente, qué es lo que defiende cada partido para el futuro de Euskadi. Los proyectos y las proclamas de bulto deben ir concretándose hasta dar a conocerse la letra pequeña. EA dice querer optar por la independencia e incluso apela a la desobediencia civil, aunque no parece incómoda gestionando el actual marco de autonomía. El PNV, que es esencial a la hora de diseñar el futuro, ayudaría si arroja luz sobre cuáles son exactamente sus objetivos para los siguientes 20-25 años. Nadie a quien se le pregunte si tiene derecho a decidir va a responder que no, pero parece llegada la hora de aclarar en qué dirección se busca decidir. De lo contrario, tampoco los rivales políticos sabrán a qué atenerse y, visto el panorama, lo que sobra es la confusión. Sólo la claridad y la voluntad de pacto dentro de una filosofía incluyente acercará las soluciones. En 2008 se puede avanzar en esa dirección o justo en la contraria. Habrá que ver.    

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