miércoles, diciembre 19, 2007

Sentenciados

Al fin, hoy se ha dado a conocer la sentencia por el juicio del macrosumario 18/98, que ha pretendido sentar en el banquillo a las que se consideraban organizaciones satélites o directamente pertenecientes a las "entrañas" mismas, según el texto, de la banda terrorista ETA. Antes de valorar los fundamentos de la sentencia es necesario partir de dos puntos bien importantes. El primero pasa por reiterar la necesidad de combatir el terrorismo con todos los instrumentos del Estado de Derecho hasta que en Euskadi se pueda vivir en libertad defendiendo cada cual la opción política que considere conveniente, sin dar la mínima oportunidad a los terroristas y a sus secuaces para lograr objetivos políticos a través de la violencia. Junto a esto, en segundo lugar, resultan imprescindibles tanto la defensa de la unidad democrática entre los partidos como la exigencia a Batasuna y a sus herederas para que asuman los principios más básicos en democracia si quieren dialogar con las formaciones que sí hacen suyas las reglas del juego de la convivencia. Desde ese compromiso firme con la paz, la libertad y los derechos humanos en Euskadi, la sentencia de la Audiencia Nacional resulta decepcionante a nivel argumental y probatorio y manifiestamente injusta en el caso de algunas personas concretas que han sido condenadas. El Estado de Derecho no puede actuar ni desde los atajos para hacer frente al terrorismo ni a través de una Justicia ciega que no sabe distinguir a unos de otros, máxime cuando da la sensación de que existe un impulso político muy ligado a la coyuntura tras determinadas resoluciones. El Estado debe ser muy escrupuloso y lo más garantista posible en la lucha antiterrorista, porque de ahí deriva en una buena parte tanto su superioridad ética y moral como el plus de legitimidad que requiere en zonas como Euskadi en las que ésta ha sido puesta en entredicho en demasiadas ocasiones por parte de quienes siempre pescan en aguas turbulentas. La actitud de Batasuna y sus satélites ante el terrorismo es repugnante, e incluso abiertamente cómplice como parte de una misma estrategia. No se trataría, pues, sólo de callar ante los atentados de ETA, sino de ser partícipe como una pieza más del mismo entramado. Esta sospecha siempre ha estado presente en amplios sectores políticos y sociales vascos y, si se demuestra su veracidad, hay que actuar en consecuencia. En todo caso, dudo de que el juicio del 18/98 sea ejemplar en ese sentido. Asistí a sus primeras sesiones y la sensación de desbarajuste fue notable desde el primer día: falta física de pruebas, traducciones euskera-castellano lamentables, negativa a escuchar a los acusados, rigidez injustificada del tribunal, sesiones interminables durante meses que obligaban a quienes se sentaban en el banquillo a traslados continuos incompatibles con cualquier actividad profesional... y, sobre todo, personas de distintos orígenes, actividades profesionales y políticas y de muy diferentes sensibilidades ante la violencia juzgadas juntas en una especie de 'totum revolutum'. Conozco a varios de los acusados. Dos de ellos fueron profesores míos en la universidad, uno de ellos, paradójicamente, de Derecho. De algunos me consta, al menos, su absoluta falta de compromiso contra ETA, aunque de ahí a pertenecer a las "entrañas" de la banda hay un trecho. Pero de otros tengo la seguridad de que se limitan a defender una idea concreta sobre lo que debe ser el País Vasco desde el punto de vista político y trabajan en actividades que tienen que ver con la construcción de un marco alternativo al actual partiendo de la desobediencia civil. Eso podrá gustar o no pero dista de ser colaborador de ETA, y ya sólo cabe confiar en que instancias superiores a la Audiencia Nacional corrijan semejante desatino. Porque si no fuera así podría darse el caso de que también llegara a considerarse, por ejemplo, que Begoña Errazti es de ETA por haber realizado llamamientos públicos en favor de la desobediencia civil. Al igual que en democracia no se debe cerrar un diario porque en su estructura haya personas conniventes o miembros de organizaciones terroristas, a los que se deberá juzgar de forma individual, no se puede actuar como si todo el que defiende una serie de ideas, por muy equivocadas que nos puedan parecer, pertenezca a ETA. Creo en la firmeza contra el terror y su brazo político, en la necesidad de que ETA no logre ningún rédito político de su violencia terrorista y en la lucha en favor de la paz y la libertad en Euskadi. Creo, asimismo, que el Estado de Derecho siempre ha de actuar de manera exquisita y ejemplar porque es la esencia de su superioridad ante quienes delinquen. Y por todo eso estoy persuadido de que el juicio del 18/98 ha tenido lagunas muy graves y se ha terminado condenando a algunas personas que son inocentes de lo que se les acusa. No se trata de mantener posiciones equidistantes, en absoluto. Se trata, sencillamente, de intentar ser justo y de actuar en conciencia.

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