martes, febrero 27, 2007

La letra pequeña

Noviembre de 2006. Las conversaciones entre PNV, PSE-EE y Batasuna habían transcurrido hasta entonces por una senda calificada como positiva por los dos primeros. La izquierda abertzale parecía dispuesta a reconocer los actuales ámbitos de decisión para, a partir de los mismos, intentar modificarlos en el futuro. Sin embargo, "de golpe" y "con cara de circunstancias", según cuentan testigos directos, los representantes de la formación ilegalizada cambiaron de registro y se presentaron con una propuesta diferente que recogía la creación en un plazo de tiempo medido de una única comunidad autónoma entre la CAV y Navarra. Alguien, las propias bases y ETA posiblemente, había juzgado excesivamente flexibles las posturas de hasta entonces y marcaba a sus negociadores una nueva vía que elevaba el listón de las exigencias políticas. Pero hay más. De cara a un hipotético acuerdo, que esa modificación de posiciones imposibilitaba de entrada, la izquierda abertzale puso sobre la mesa la necesidad de que el PSN apoyara de forma activa el cambio de estatus territorial. Los socialistas se opusieron. El PNV, también. Los jeltzales consideraron inaceptable que se forzara a otra formación a modificar su legítima posición política y vieron en la exigencia de Batasuna una vuelta a los errores cometidos en el pasado por el nacionalismo en la cuestión navarra. A partir de ahí, el punto de encuentro fue una quimera. El 30 de diciembre ETA asesinó a dos personas en Barajas y lo que podía quedar del proceso se volatilizó en el parking de la T4. En las reuniones posteriores entre el PNV y Batasuna, que han sido varias, tres según algunas fuentes, se ha hecho saber a los comandados por Otegi que cualquier horizonte de esperanza pasa porque hagan algún gesto claro y rotundo en materia de pacificación. Pero no lo han hecho. Se han limitado a sacar del armario, con grandes titulares pero sin letra pequeña, una especie de sucedáneo de la iniciativa que imposibilitó el acuerdo político en otoño. Lo han presentado como una gran novedad y una aportación trascendental para insuflar oxígeno al proceso. Sin embargo, a día de hoy, ningún partido ha recibido esa propuesta por escrito, con todo los detalles. Por eso, empiezan a creer que no existe un documento estratégico realmente elaborado y que todo se limita a los titulares de prensa. Que cada vez se está improvisando más para estar presente en las elecciones municipales y forales a base de fuegos artificiales. El cielo parece iluminado, pero pronto pueden empezar a caer los restos pirotécnicos.

lunes, febrero 26, 2007

Un paso al frente

El viernes estuve en Vitoria, entrevistando al consejero del Interior del Gobierno vasco, Javier Balza. El resultado del encuentro se publicó ayer pero, más allá de las estrictas declaraciones a micrófono abierto, salí de Lakua con la sensación de que estamos ante un escenario absolutamente incierto. Las declaraciones de Otegi ayer en La Vanguardia cimentan la impresión de que la izquierda abertzale busca una salida del pozo en que está sumida desde el 30 de diciembre. Aquel atentado anuló cualquier posibilidad de interlocución y condenó a Batasuna a vagar como un fantasma, como un auténtico espectro. Para volver a ser un ente corpóreo, la formación ilegalizada está practicando una especie de regresión. Da por buena como punto de partida una autonomía de cuatro territorios, asume que el Estado no debe pagar ningún precio político y dice tener claro que la única vía hacia la independencia es la pacífica. Lo malo es que este viaje al realismo se está produciendo con treinta años de retraso y con cientos de muertos en el camino. Además, su valor es muy limitado hasta que ETA lo avale, porque si algo ha quedado demostrado hasta ahora es que la izquierda abertzale política no es capaz de ejercer su propio papel con el mínimo grado de autonomía. En ese comunicado, que a tenor de los rumores debe llegar de un momento a otro, la organización terrorista está obligada a aclarar las dudas generadas por el anterior, que dejó el alto el fuego sujeto con alfileres. Tomando como referencia la orientación de las últimas propuestas de Batasuna, y precisamente en la creencia de que ésta no da ningún paso sin la aquiescencia de ETA, ese comunicado debería ofrecer algún tipo de gesto creíble que evite el marasmo definitivo del proceso. Ha llegado el momento de que, si su apuesta es real, la banda dé un paso definitivo al frente. En cualquier caso, es muy difícil predecir cuál será el escenario dentro de dos o tres meses. Los responsables políticos y las fuerzas de seguridad están preparados para cualquier eventualidad.

domingo, febrero 25, 2007

La Ertzaintza, nuestra policía

Bilbao fue escenario ayer de graves incidentes, que se saldaron con decenas de heridos. Una marcha ilegal, en favor de los presos, fue el detonante de los enfrentamientos entre la Ertzaintza y quienes pretendían manifestarse "por encima de las prohibiciones". Arnaldo Otegi, siempre dispuesto a lanzar proclamas apocalípticas cuando se le coloca un micrófono delante, calificó lo sucedido como "masacre". No en vano, los dirigentes de la izquierda abertzale son alumnos aventajados en la manipulación del lenguaje. Masacre fue la de Hipercor, ante la que callaron, o la que se cobró la vida de doce miembros de la Guardia Civil, en la Plaza de la República Dominicana de Madrid, en 1986, o el asesinato de dos trabajadores de Elektra, en 2001, o la originada por la explosión de una bomba en Santa Pola en 2002, que mató a dos personas, entre ellas una niña de seis años. Esas, y otras muchas cometidas por ETA, sí son verdaderas masacres, ante las que primero callan y luego jalean a sus autores. En una sociedad democrática, la actuación de las fuerzas de seguridad está sujeta a diversos controles, entre ellos el parlamentario e, incluso, el judicial. A nadie agrada ser testigo directo o indirecto de escenas como las vividas en la capital vizcaina. Y habrá que depurar cualquier exceso. Por supuesto. Pero en este país, como en el resto de países democráticos, hay una reglas de juego aceptadas y asumidas por la inmensa mayoría de los ciudadanos. Cuando una marcha se prohíbe , quienes intentan burlar lo dictaminado por la justicia incurren, además de en una ilegalidad, en una enorme irresponsabilidad. Saben perfectamente cuáles pueden ser las consecuencias. Por eso utilizan un distinto rasero en la Comunidad Autónoma Vasca y en Navarra, porque creen que imágenes como las de ayer poniendo en la picota a la Ertzaintza les rentarán políticamente y desgastarán al PNV. Acusan a la Policía vasca de estar al servicio de "la Justicia española", como si ellos actuaran al margen de la misma. Las normas de convivencia rigen para todos y, aunque no quieran darse por enterados, también para ellos.

viernes, febrero 23, 2007

La hora de la imposición

Para este mediodía estaba convocado un paro de una hora "en defensa de los derechos de los presos". En las ciudades apenas ha tenido eco, al menos en Vitoria no lo percibí en absoluto. En los pueblos sí se había calentado el ambiente desde primeras horas con la masiva exhibición, por parte de los convocantes, de pasquines que anunciaban el cierre y que, a primera vista, parecían colocados por los propietarios de los negocios para advertir a sus potenciales clientes. Al encontrarse con semejante recordatorio, eran muchos, la mayoría, los que mostraban su temor a las represalias en caso de no seguir la consigna. El muy relativo seguimiento de la convocatoria se ha fundamentado, de forma evidente, en la imposición y la amenaza latente. No es la primera vez y, desgraciadamente, todo indica que no será la última. Quienes jamás formularon la más mínima crítica frente a los asesinatos de De Juana o a sus comentarios jocosos cuando eran otros cercanos a él los verdugos, invocan ahora los derechos humanos para movilizarse. Y lo hacen fieles a su estilo, no respetando siquiera el derecho de los demás a decidir si quieren, o no, adherirse a esta auténtica exhibición del mundo al revés, en el que la solidaridad es sólo para los verdugos.

lunes, febrero 19, 2007

Crónicas políticas (III)

Al hilo de una entrevista en el palacio de La Moncloa entre el presidente Zapatero y el lehendakari Ibarretxe, la necesidad de construir Euskadi desde el entendimiento y la asunción de sus diversas identidades fue subrayada en la crónica publicada en Deia el 16 de enero de 2005.

Es la hora de todos

Un nuevo tiempo político parece estar alumbrando. Al principio, los momentos de cambio siempre generan temores, e incluso resistencias, pero llega un momento en el que las dinámicas de transformación, bien entrelazadas, se convierten en imparables. No estamos en un escenario perfecto, ni mucho menos, sino rodeados de interrogantes y contradicciones, pero por primera vez en mucho tiempo se atisba un cierto destello de esperanza. Aunque el puzzle es extremadamente complejo y ni siquiera existe la seguridad de que las piezas vayan a encajar de inmediato, entre los dirigentes políticos cobra fuerza la percepción de que lo que comenzó siendo una oportunidad con perfil coyuntural se ha convertido ya en un proceso de cariz irreversible. La izquierda abertzale, acuciada por una imparable exigencia social y por su propio declive, aparenta haber comenzado a pisar suelo. Sus tradicionales mensajes repletos de descalificaciones y amenazas han sido sustituidos por constantes ofertas de diálogo, y al fin parecen haber caído en la cuenta de que el bandolerismo político no les produce ninguna rentabilidad y les condena, directamente, a la insignificancia más absoluta. La posición adoptada en el pleno del Parlamento vasco, el 30 de diciembre pasado, ante la propuesta de nuevo Estatuto Político refleja que Batasuna se mueve todavía en una cierta esquizofrenia, capaz de llevarle a votar una cosa y la contraria, pero que ya no es inmune al clamor social por la normalización política y por el cese definitivo del terrorismo de ETA. Aunque José Luis Rodríguez Zapatero accedió al cargo de presidente del Gobierno con la fuerza de una brisa leve, posee las cualidades personales y políticas adecuadas para llegar a convertirse en el muñidor de un nuevo ciclo. Desde algunos sectores se ha asociado el talante del líder socialista con la debilidad, pero ocurre justamente lo contrario. La fortaleza de Zapatero reside en su forma de entender la política como un espacio para el entendimiento y no como un ámbito para los pulsos absurdos y las poses histéricas. Más allá de los gestos forzados, sabe que está condenado a entenderse con el lehendakari Juan José Ibarretxe y que, más allá de sus legítimas discrepancias, ambos tienen la obligación de reencontrarse en una definición común de las reglas del juego que rijan en Euskadi en las próximas décadas. En la campaña electoral de los comicios autonómicos de hace cuatro años, las posiciones de nacionalistas y no nacionalistas se exacerbaron hasta el punto de acallar a quienes clamaban en vano en favor de un diálogo transversal. Sin embargo, la realidad es tozuda y al final se está imponiendo la necesidad de construir Euskadi entre todos. Las ópticas parciales pueden servir como complemento enriquecedor en la búsqueda de soluciones integradoras, pero nunca como un elemento para forzar las posiciones ajenas. Es imprescindible que cobre más fuerza que nunca el deseo de compartir, de sentirse cómodos y de procurar comodidad a los que piensan de manera diferente, de compatibilizar los diferentes sentimientos de pertenencia, de lograr que la pluralidad se traduzca en una mejor articulación social y política y que no suponga para nadie una molestia a combatir. El derrumbamiento definitivo de los falsos mitos de la izquierda abertzale y la apuesta mayoritaria en favor de un renovado marco jurídico-político en el que quepan todos los ciudadanos, sin exclusiones de ningún tipo, deberían permitir la apertura de nuevos horizontes. De forma soterrada, algo comienza a moverse en el tablero político. Partiendo del conocimiento profundo y realista de lo que es la sociedad vasca sólo se puede llegar a abrir espacios de mestizaje. Ya pasó el tiempo en el que el enfrentamiento daba réditos y los unos parecían invisibles para los otros. Frente a los jinetes del apocalipsis, terminarán abriéndose paso los que sienten que hay muchas Euskadis, los que apuestan por un país que no busca romper sino integrar y sumar, y que se construye desde la pluralidad de identidades que constituye su propia esencia. Al tiempo.

Andaluziako ikasgaiak

Astelehen goizetan (8:20etan) Euskadi Irratian aritzen naiz Imanol Murua Berriako lagunarekin eztabaidan. Lehia dialektikoa baino gehiago, giro atseginean egindako iritzi trukea izan ohi da. Manu Etxezorturen gidaritzapean, Imanolekin hizketan jardutea politikaz aritzeko modurik interesgarrienetakoa da, bai bere izaeragatik, ezagutzagatik eta besteenganako duen errespetuagatik. Gaur, besteak beste, Andaluziako erreferenduma izan dugu hizketagai. Honelako herri-kontsultetan gutxieneko parte-hartzea exijitu beharko litzateke emaitza baliagarri izan dadin. Ez dakit zehazki zenbatekoa, baina argi dago Andaluziakoak ez duela baldintza minimorik betetzen. %36ko parte-hartzeak argi adierazten du Estatutu berriaren inguruko gora-beherek ez dutela berebiziko interesik eragin andaluziarren artean. Egia da, autogobernuarekiko atxikimendua eta hiritarrek sentitzen duten horren beharra ez direla parekagarri erkidego autonomo guztietan. Baina zerbait gehiago egon behar da abstentzio maila handien atzean. Katalunian, esaterako, alderdi nazionalistak dira nagusi hauteskundeetan eta nazio izaeraren aitorpenak gizarteko sektore ia guztiak biltzen ditu. Halaber, Estatutua bozkatu zenean botuemaileen erdiak baino ez zuen parte hartu. Agian, alderdi politikoek honelako prozesuak kudeatzeko duten moduaren aurkako kritika egon daiteke etxean geratzea erabakitzen dutenen jarreraren atzean. Gizartea aintzat hartu gabe eta berau mobilizatu gabe gauzatu dira Estatutuak eraberritzeko prozesuak. Goitik, elite politikotik, bultzatu, gidatu eta adostutako ibilbidea izan da. Batzuek pentsa dezakete Andaluzian hiritar gehienek uko egin diotela parte hartzeari Estatutua aldatzeko beharrik ikusten ez zutelako eta, Katalunian, berriz, gehiago nahi izateak eragin zuela jokabide hori. Seguruenik ez bata ez bestea ez dira balorazio zuzenenak, eta ñabardura osagarri ugari beharko lukete. Baietzak irabaziko duen usteak hiritargoa desmobilizatzen du, eta baita ilusionatzeko gauza ez diren egitasmoek ere. Alderdiak kontu handiz ibili behar dira autogobernuari begira aurkezten duten edozein proiektuk zenbaterainoko atxikimendu maila duen edo izan dezakeen nabarmentzerakoan. Erreferendumetan argi geratu da alderdi politikoen ordezkaritza maila eta hiritarren iritzia ez direla parekagarri. Beraz, hadi Euskal Autonomia Erkidegoko autogobernu esparrua eguneratzeko momentua heltzen denean. Gauzak ondo egiteko garaiz gaude.

domingo, febrero 18, 2007

Crónicas políticas (II)

La siguiente crónica fue publicada en Deia el 5 de junio de 2005. A pesar de que Batasuna había dado a la luz la propuesta de Anoeta siete meses antes, continuaba sin cesar el estruendo de las bombas colocadas por ETA.

Reivindicación de la perogrullada

Hay quien llama dientes de sierra a los periódicos encontronazos con la realidad en lo que pretende ser un proceso de paz en Euskadi. La colocación de un coche bomba por parte de ETA en Madrid el pasado 25 de mayo ha generado una especie de depresión colectiva ante la evidencia de que los terroristas continúan siendo inmunes frente a cualquier exigencia de paz. Siguen instalados en su particular burbuja desde la que sólo se percibe una Euskadi deformada en la que las víctimas aparecen como verdugos represores mientras que quienes no sueltan el dedo del gatillo o del temporizador son voluntariosos activistas aclamados por sus conciudadanos. La suma de la endogamia política, de la aceptación del terrorismo como método de presión y de la ceguera ante la realidad social conforman un resultado desolador, caracterizado por la vieja pretensión de la izquierda abertzale de imponer sus tesis al resto de los vascos. Resulta evidente que un proceso de paz requiere de la voluntad de las partes para avanzar por la senda correcta. Pero en ningún caso se pueden equiparar ni correlativizar los pasos al frente de un Gobierno democrático o de una Cámara legislativa nacida de la voluntad popular soberana con los de una banda cuya única seña de identidad es el asesinato, el chantaje y el amedrentamiento. No obstante, el Ejecutivo presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, apoyado por todos los partidos políticos excepto el PP, ha dado señales inequívocas de aceptar la vía del diálogo si ETA abandona las armas, tal como quedó explicitado en la resolución aprobada por el Congreso de los Diputados. Sólo en ese contexto cabe entender la participación de EHAK en las elecciones del pasado 17 de abril o la progresiva normalización en las relaciones entre los socialistas y la izquierda abertzale. Sin embargo, las bombas de ETA contra diversas empresas guipuzcoanas y el vehículo explosionado en Madrid han debilitado políticamente al Gobierno y le han colocado en una situación incómoda que le obliga a resguardarse. Si se hubiera producido alguna víctima mortal, y no se ha estado lejos de que la hubiera, el proceso de paz hubiera quedado abortado incluso antes de empezar a tomar forma. En este contexto, no sirve de nada esgrimir la propuesta de Anoeta como prueba de que se quiere avanzar hacia otro escenario político en el que la violencia quede desterrada. A estas alturas, ya resulta insuficiente reconocer que ETA no puede negociar políticamente y que corresponde a los partidos políticos, en cuanto que son los depositarios de la voluntad popular, sentarse a dialogar para ampliar los consensos existentes. Urge reparar también en que ETA imposibilita ese proceso en la medida en que no ha desechado la posibilidad de erigirse en avalista de las tesis de la izquierda abertzale. El estruendo ensordecedor de las bombas y el soniquete seco de las pistolas son radicalmente incompatibles con la aproximación hacia la paz. Sólo se podrá progresar desde la aceptación de que cada cual debe defender sus ideas con la fortaleza que le concede la representatividad popular que ostenta. En Euskadi hay quien lleva décadas negando incluso las perogrulladas.

Voces silenciosas

La plataforma de mujeres Ahotsak comenzó reflejando la esperanza de paz que parecía abrirse camino en Euskadi a partir del alto el fuego permanente de ETA decretado el 22 de marzo. Ver trabajando codo con codo a personas de diversas y hasta contrapuestas procedencias ideológicas en un mismo grupo no es habitual por estos lares y la novedad causó cierto asombro y admiración. Las mujeres aparentaban abrir caminos vetados hasta entonces para los hombres, desbrozando posibilidades inéditas de conocimiento mutuo y comprensión. Mientras el proceso duró y hubo que hacer reflexiones genéricas y bienintencionadas, las diferencias lógicas en un foro tan plural se fueron superando. Las regañinas o el desmarque de determinadas formaciones políticas, incluso de aquellas en las que militan algunas de las integrantes de Ahotsak, le dieron aún más valor al trabajo del grupo. Pero el 30 de diciembre ETA colocó una furgoneta bomba en Barajas y se llevó por delante la vida de dos personas. Ya no valían las meras proclamas sin destinatario concreto y había que posicionarse ante un hecho tan grave, que conculca de forma elemental los derechos humanos. Y, como fue habitual durante largos años, las que siempre aparecían en primera línea cuando eran sus compañeras las que tenían problemas con sus respectivos partidos, desaparecieron. Después de mostrarse comprometidas con una serie de principios básicos, no supieron dar la cara si era para decirle a ETA que está de sobra. Pueden denunciar la situación de De Juana, las actuaciones de la Ertzaintza, las detenciones de presuntos terroristas, incluso, cómo no, todo tipo de guerras, pero no a ETA, repudiada por la inmensa mayoría de los vascos. Las representantes de la izquierda abertzale actuaron no como mujeres comprometidas con Ahotsak, sino como correas de transmisión de quienes no censuran a ETA por la sencilla razón de que encuentran justificación a sus acciones terroristas. Son voces silenciosas ante la barbarie, que sólo hablan para reclamar derechos que niegan a los demás.

sábado, febrero 17, 2007

Crónicas políticas (I)

A veces conviene echar la vista atrás para entender mejor el presente o, incluso, para caer en la cuenta de que hay errores que se repiten cíclicamente. Quiero recuperar algunas de las crónicas políticas escritas en Deia a lo largo de los últimos años, aquellas que juzgo de mayor interés. La primera se publicó el 5 de diciembre de 2004, a menos de un mes de anunciarse la propuesta de Anoeta, tras la explosión de varias bombas colocadas por ETA en gasolineras de la Comunidad de Madrid.

La izquierda abertzale ante el espejo

«Cuando me da por pensar de noche en mis defectos, me quedo dormido inmediatamente», dijo Oscar Wilde, como si estuviera pensando en los dirigentes de la izquierda abertzale. Tras la explosión de cinco bombas colocadas por ETA en otras tantas gasolineras de Madrid, al portavoz parlamentario de Sozialista Abertzaleak, Arnaldo Otegi, se le ha ocurrido decir que «el conflicto sigue y nuestra posición es hoy mucho más válida que el día 14» de noviembre, en referencia a la propuesta hecha pública en el velódromo de Anoeta por parte de Batasuna. La onda expansiva de las explosiones parece haberse llevado consigo la rama de olivo imaginaria que blandió el propio Otegi en aquella jornada que algunos esperaban memorable. Todos los que acogieron la iniciativa con la esperanza de un cambio profundo por parte de quienes ven compatible la política con el terrorismo se han encontrado con la misma respuesta de siempre de la izquierda abertzale ante un nuevo atentado de ETA. Su dialéctica es tan perversa como acostumbraba, aunque el hecho de reivindicarla de forma tan ostentosa tan sólo veinte días después de dar a conocer una "propuesta de paz" le confiere un grado mayor de cinismo, si cabe. En realidad, Batasuna dijo pocas cosas verdaderamente novedosas en el acto de Donostia y, precisamente por ello, se trataba de comprobar si, al fin, algo cambiaba a la hora de gestionar proclamas grandilocuentes que, en algunos casos, no son sino el eco casi inaudible de compromisos incumplidos del pasado. Pero no. Los más crédulos ya saben a estas alturas que no va a ser la plena aceptación de las vías políticas y democráticas la que vaya a dar solidez a la iniciativa de Anoeta, sino que lo harán las bombas que coloque ETA. Según esta lógica aberrante, cuantas más explosiones y amenazas se produzcan más nítida aparecerá la necesidad de superar el "conflicto" y, en consecuencia, con más brillo resplandecerán los siete compromisos anunciados a bombo y platillo por la izquierda abertzale. No sólo eso. Otegi exigía ayer al resto de partidos que «hagan un velódromo y digan cómo solucionar el conflicto» y se dolía de que cada vez que se produce algún atentado de ETA «se somete a Batasuna al linchamiento político y mediático». A una estrategia que hace del engaño su señuelo se le suman así el autismo y el victimismo políticos en su más cruda expresión. Hace mucho tiempo que el resto de formaciones apostaron por encauzar sus legítimas aspiraciones a través de la adhesión ciudadana, aceptando plenamente la pluralidad que define a los vascos. Pretender sumarse con un cuarto de siglo de retraso a este principio intrínseco a cualquier sociedad democrática ya refleja una clamorosa incapacidad para aceptar la propia esencia de cualquier régimen de libertades. Pero hacerlo, además, no con vocación estratégica sino por un interés puramente coyuntural, como ya ha ocurrido en alguna otra ocasión, conduce sin remedio a convertirse en un guiñapo en manos del militarismo más recalcitrante y a perder incluso la confianza de gran parte de quienes alguna vez se la concedieron, como pudo comprobarse de manera fehaciente el 13 de mayo de 2001. Con estos antecedentes, tampoco cabe extrañarse de que todo aquel que censure la doblez de la que hace gala Batasuna sea acusado inmediatamente de ser un linchador mediático al servicio de las más abyectas conjuras diseñadas por los "enemigos del pueblo vasco", siempre al acecho. Pero que no se preocupen. Sólo son cosas de periodista-policía.






Dirigentes de la izquierda abertzale, en primera fila en Anoeta el día 14.


¿Avances?

Tras unos meses de silencio, motivado por vicisitudes diversas, ha llegado la hora de recuperar el pulso a la actualidad política vasca y española. Las dudas reflejadas en los textos anteriores quedaron despejadas. La que hacía referencia a EA no dejaba de ser una gota en el océano. No así la que vacilaba ante las verdaderas intenciones de la izquierda abertzale respecto a la continuidad de la violencia terrorista. Éste sí es un asunto que genera mar de fondo. Desde el atentado del 30 de diciembre en Barajas el proceso de paz es un mero deseo proyectado sobre la creencia de que, a pesar de los vaivenes, la época de ETA ya ha pasado tanto a nivel político como militar. La presentación de la última propuesta de Batasuna, que acepta partir del modelo autonómico actual para reformarlo, es una prueba más del fracaso sin paliativos de quienes han causado tanto sufrimiento para terminar llegando al mismo puerto en el que los demás hacen política desde hace tres décadas. Ha sido una trayectoria terrible, conculcadora de los derechos humanos más elementales, ensalzadora de un militarismo grotesco, que ha distorsionado de manera incalculable la política en Euskadi y en España. Ojalá esa iniciativa no sea una nueva muñeca rusa con la que tapar sus miserias. Visto lo visto, no merecen ningún crédito.