viernes, julio 27, 2007

Citas


"En política, lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno"

Konrad Adenauer (1876-1967)

miércoles, julio 25, 2007

Agenda de la semana

Uztailak 25, asteazkena: Euskadi Irratiko solasaldi politikoa Jose Luis Elortza eta Martin Barriusorekin batera.
27 de julio, viernes: Tertulia en el programa Hoy por Hoy de la Cadena Ser, junto a José Ignacio Wert.

martes, julio 24, 2007

Crónicas políticas (VI)

Esta crónica la publiqué en Deia el 3 de octubre de 2004, poco después de que ETA diera a conocer un vídeo con nuevas amenazas. El fondo de la reflexión de aquel entonces sigue plenamente vigente casi tres años más tarde.

La naturaleza de las cosas

Emulando a Abu Musab Zarqawi, el tenebroso brazo jordano de Osama Bin Laden en Irak, la organización terrorista ETA hizo público un video el pasado lunes para dejar claro, a quienes con unas buenas dosis de ingenuidad confiaban en lo contrario, que va a seguir matando. A lo largo de los quince minutos de duración de las imágenes se realizan afirmaciones tan aberrantes como que «la función política de la lucha armada es recuperar la democracia vasca». Al día siguiente, el portavoz de Sozialista Abertzaleak, Arnaldo Otegi, proclamaba, con la absoluta certeza de quien posee buena información al respecto, que «como todo el mundo sabe» nunca habrá un comunicado en el que ETA anuncie su disolución porque para ello es necesario que antes se den «determinadas condiciones». Se supone que la “voluntad popular” del 10% de los vascos debería aplastar la del 90% restante para que el abandono de las armas fuera definitivo. Guiada por su permanente afán de no perder comba y haciendo gala de su fino instinto político, la izquierda abertzale ilegalizada ha llegado a la conclusión de que sus planteamientos de 1979 brillan resplandecientes un cuarto de siglo después como consecuencia de la división entre los partidos que apostaron por el Estatuto de Gernika como punto de encuentro para los vascos. Pero si algo ha quedado acreditado a lo largo de estos últimos 25 años es el carácter totalitario de ETA y sus adláteres. Han dado forma al sujeto político por encima de la voluntad de los ciudadanos que lo componen, llegando a caracterizar como enemigos, tanto internos como externos, a quienes «posibilitan, impulsan y garantizan la negación de los derechos de nuestro pueblo». La lista es amplia. Miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, ertzainas, niños, trabajadores que se dirigían a su empresa, consumidores de Hipercor, empresarios, electos populares, jueces... han sido asesinados sin compasión. Y, mientras, la izquierda abertzale ha seguido haciendo resonar los falsos ecos del diálogo. Pero la Euskadi de los ciudadanos siempre será un proyecto a combatir para quienes anteponen un mapa al sentir de quienes habitan el país real. Así, no es de extrañar que quienes participan en alguno de los foros que se han activado en los últimos tiempos para tender puentes hacia el fundamentalismo local ni tan siquiera hayan arrancado un diagnóstico conjunto de mínimos en torno a la violencia, más allá de documentos que podrían figurar en los anales de la metafísica. Quienes buscan un acercamiento a la izquierda abertzale deben ser conscientes de la cruda realidad. La última remesa de cartas amenazantes dirigidas a concejales o los constantes ataques sufridos por sedes de partidos políticos y sindicatos debería servir para refrescar la memoria de los más olvidadizos. La paz no puede venir de la mano del suicidio de los demócratas, sino que debe llegar gracias a la firmeza en sus convicciones de quienes están arropados por la inmensa mayoría de los ciudadanos. Todos aquellos que ni tan siquiera respetan la integridad física de los que no piensan como ellos carecen de legitimidad para hablar de paz, diálogo y democracia. Los ejercicios voluntaristas y un tanto acomplejados respecto a la izquierda abertzale siguen chocando con el inmovilismo que ha caracterizado siempre a la hora de la verdad a un movimiento político totalmente sumiso al mandato de ETA. Mirar hacia otro lado ante esta realidad o hacer equiparaciones disparatadas de lo que sucede en Euskadi con lo que pasa en otros lugares del mundo no significa buscar la paz con mayor ahínco. Para no equivocarse, conviene tener muy clara la verdadera naturaleza de los que llevan más de dos décadas combatiendo la institucionalidad derivada de la voluntad popular. Euskadi sigue necesitada de un auténtico mestizaje de sentimientos de pertenencia y de culturas políticas, producto del equilibrio requerido por los propios ciudadanos vascos cuantas veces se han acercado a las urnas. 25 años deberían haber servido para aprender una lección tan simple pero, a veces, parecen haber pasado en vano.

domingo, julio 22, 2007

De seductores, patriotas y ferroviarios

La valiente y necesaria toma de posición de Josu Jon Imaz ha provocado el vituperio de los guardianes de las esencias. Hablar de transversalidad, de acuerdos entre diferentes, de grandes espacios de entendimiento, de compartir los ejes básicos sobre los que se sustenta la identidad vasca provoca urticaria en quienes desean un país regido, de forma privativa, por sus propios esquemas políticos. Dejando de lado los imaginarios particulares, la realidad, el sentido común e incluso una percepción desarrollada de los derechos de ciudadanía deberían llevar a los políticos vascos a dar ejemplo de sensatez en sus declaraciones. La amenaza de ETA, presente cada día en el cogote de cientos de personas, también tendría que contar para que los representantes políticos se centren y den ejemplo de sensatez, pero las ocurrencias campan a sus anchas. La reflexión de Imaz es intachable desde todos los puntos de vista. Se refiere al problema terrorista con crudeza, sin miramientos, y defiende que la vía policial es la única eficaz frente a un monstruo que no da síntomas de querer dejar de serlo. Quienes gustan de acariciar al tigre pensando que así se calmará han montado en cólera, acusando al presidente del EBB de abandonar la opción política frente a la violencia, y olvidando que violencia y política son incompatibles por naturaleza. O se está en uno de los ámbitos o se está en el otro. No se puede estar en ambos, como pretende el mundo proetarra. Y respecto a la consulta, Imaz ha recalcado una idea básica para cualquier demócrata responsable. Que el llamamiento a los ciudadanos para que se pronuncien debe ser el punto final de un proceso previo de diálogo y acuerdo amplio entre los partidos políticos de diverso signo, no un arma arrojadiza para acumular fuerzas frente a quienes sienten lo vasco de otra manera. Ha habido dos pronunciamientos al hilo de esta cuestión que merece la pena destacar. Uno el de Rafael Larreina, secretario de Organización de EA, quien acusó a Imaz de pretender seducir a España mientras Euskal Herria reclama el "derecho a decidir". A día de hoy, a diferencia de Larreina, sigo sin ver a los representantes de los ciudadanos de Navarra o de Iparralde clamando por ejercer tal derecho. Tampoco creo que esté entre las prioridades de la mayoría de las Juntas Generales de Álava. Por tanto, o hablamos de realidades políticas diferentes o, simplemente, el representante de EA ha respondido a un artículo de opinión serio y riguroso con la demagogia más descarada. La voluntad de los ciudadanos de los territorios que conforman lo que históricamente se ha dado en llamar Euskal Herria sin connotaciones políticas hace que sólo sea posible configurar ese espacio como un ámbito de colaboración que respete la actuales realidades político-administrativas. Cuanto más se apliquen recetas como las que propone EA, alejadas del sentir de la calle, como lo demuestra su cada vez más exiguo caudal de votos, menos viable será la idea de Euskal Herria en cualquiera de sus variantes. También han sido llamativas las declaraciones del coordinador general de EB, Javier Madrazo, hablando de un "choque de trenes" con el Estado si no se atiende un eventual pronunciamento de la sociedad vasca. Lo que debería aclarar es en qué tren van a viajar sus huestes, habida cuenta de que tras votar en el Parlamento vasco en favor del Plan Ibarretxe el 30 de diciembre de 2004, su formación política comenzó a desmarcarse de esa iniciativa prácticamente al día siguiente y de que IU votó en contra de aceptarla a trámite en el Congreso el 1 de febrero de 2005. Los juegos malabares son muy vistosos, también en política, pero la terrible situación vasca requiere de seriedad y rigor en los análisis de los representantes políticos. Resulta desolador comprobar que en vez de primar los mensajes de encuentro, de entendimiento, de integración, haya quien apueste por la confrontación y, además, en ciertos casos, intentando aparecer respaldado por reclamaciones inexistentes. Una pena.

martes, julio 17, 2007

Agenda de la semana

17 de julio, martes: Tertulia política del programa Ganbara de Radio Euskadi, junto a Iñaki Iriondo (22.30)

Citas


"Hay gentes tan llenas de sentido común, que no les queda el más pequeño rincón para el sentido propio"

Miguel de Unamuno (1864-1936)

domingo, julio 15, 2007

La consulta

Después de que en las últimas semanas la cuestión de la consulta popular en Euskadi se haya vuelto a agitar sin sentido aparente, el artículo que publica hoy el presidente del EBB del PNV, Josu Jon Imaz, en diversos periódicos vascos supone un ejercicio de sensatez. Plantear que se pulse la opinión de los ciudadanos sobre el estatus político de futuro sin un acuerdo previo entre los partidos políticos, tanto nacionalistas como no nacionalistas, llevaría a un callejón sin salida y daría oxígeno a ETA. No es el momento de gestos de cara a la galería que simplemente busquen reforzar, mediante un espejismo, las posiciones particulares de cada cual. Es más bien la hora de la unidad frente a la amenaza terrorista y de los acuerdos políticos entre diferentes. El texto de Josu Jon Imaz, que lleva por título "No imponer, no impedir" dice así: "La ruptura del alto el fuego por parte de ETA y su voluntad inequívoca de asesinar, afortunadamente evitada hasta el momento, ha llenado el lenguaje político vasco de expresiones recurrentes. Una de ellas, “mantener la iniciativa política”, parte del convencimiento legítimo de que ETA no puede marcar nuestra agenda política. Para ello, los partidos vascos deberíamos tomar iniciativas para mostrar que no estamos quietos, y que vamos a seguir construyendo el futuro de este país pese a ETA. ETA va a marcar la agenda. Nos guste o no. En estos momentos en los que la organización terrorista ha tomado la decisión de violentar la democracia en Euskadi, la prioridad es hacerle frente. La primera medida, que hasta el momento está siendo además efectiva, no debe ser otra que la eficacia policial. Si ETA mostrase una voluntad inequívoca de querer poner fin a la violencia, lo cual desgraciadamente no es el caso, el recurso al final dialogado recuperaría su sentido. En las circunstancias actuales, sólo la acción policial y la deslegitimación social y política de su entorno son los caminos que nos permiten trabajar por la paz y la libertad en Euskadi. Ojalá lleguen otros tiempos. Pero, mientras tanto, reconozcamos que sólo su debilitamiento operativo, social y político llevará a ETA a la reflexión necesaria para que opte por cerrar definitivamente su persiana. Lo demás es voluntarismo. Pese a ello, este país tiene que seguir viviendo, avanzando, forjando su autogobierno y construyéndose. ETA nos marcará la agenda política, pero tenemos que evitar que imposibilite el camino democrático. La cuestión es cómo avanzamos en el autogobierno, en un autogobierno que responda a la voluntad democrática de los vascos y a las necesidades que una sociedad moderna de principios del siglo XXI tiene para desarrollar una identidad abierta, mejorar su creatividad, competitividad y calidad de vida, y mantener una cohesión social. EAJ-PNV aprobó en octubre de 2005 un documento sobre la pacificación y la normalización política. En él, la apuesta por el futuro del autogobierno vasco toma como clave de bóveda una formulación: no imponer-no impedir. En estas cuatro palabras se resume una filosofía que engarza con la mejor tradición pactista de la historia vasca: pacto entre vascos para alcanzar mayorías en Euskadi superiores a las que obtuvo el Estatuto de Gernika, lo cual nos obliga a acuerdos entre las diferentes sensibilidades y tradiciones políticas que hagan posible esa mayoría (no imponer), y pacto con el Estado a través de un acuerdo para que en la tramitación en Cortes Generales los partidos implicados en el mismo lo aceptemos en su integridad (no impedir). Lógicamente, a esta tramitación sigue el referéndum de ratificación por la ciudadanía vasca. Se cumplen así tres principios: el respeto a la voluntad democrática de los vascos, el respeto a la pluralidad política de la sociedad vasca y el principio de legalidad en base al marco jurídico vigente. Es una filosofía evidentemente limitativa de unos y de otros. No imponer garantiza la aceptación, en clave de integración política, de la voluntad de la sociedad vasca, pero a su vez limita a la mayoría nacionalista. No impedir, supone dar cauce al reconocimiento jurídico y político de las decisiones adoptadas, limitando a su vez las mayorías de los partidos de ámbito estatal en las Cortes Generales. Se trata, pues, de aceptar, por principio, la fórmula más democrática y más integradora. Este es un camino, un método, en el que podemos y debemos implicarnos para alcanzar acuerdos políticos en Euskadi. Para sostener la iniciativa política e impedir que ETA nos marque la agenda. Como decimos en el Acuerdo de Gobierno que EAJ-PNV, EA y EB suscribimos en junio de 2005, “para alcanzar un consenso integrador en relación con las diferentes visiones y sensibilidades políticas existentes en la sociedad vasca sobre los aspectos cruciales para la normalización política”. Consenso que evidentemente sólo podrá ser llevado a cabo entre aquellos que tenemos un firme compromiso en la defensa de la vida humana y rechazamos la violencia como forma de alcanzar fines políticos. Por tanto, iniciativa política sí, en un camino de integración y que nos permita alcanzar de forma efectiva una mayor cota de autogobierno. El debate sobre el referéndum es otra maraña en la cual podemos perdernos. Lo decíamos en nuestro documento de octubre de 2005: “La consulta es, por lo tanto, el resultado de un proceso en el que no vamos a ahorrarnos ningún esfuerzo. No es, de ningún modo, un arma arrojadiza, ni una excusa de los partidos para delegar en la sociedad la obligación que tienen de trabajar y lograr un acuerdo”. La consulta tiene un previo: el acuerdo, tal y como el Acuerdo de Gobierno tripartito de junio de 2005 afirma. El referéndum será la ratificación del mismo. Y en las circunstancias actuales, esta condición de acuerdo previo e integración es el mínimo democrático exigible. Porque no podemos olvidar que, aunque no nos guste, ETA está ahí. Mirando lo que hacemos. Una consulta ciudadana planteada como escenario de acumulación de fuerzas para una confrontación política es muy discutible, y desde luego contraria al espíritu y a la letra de la posición de EAJ-PNV expresada en el documento de octubre de 2005. Pero en las condiciones actuales es más grave. Puede ser el plan B al que se acoja una ETA, que declare un alto el fuego “permanente” como los anteriores, esperando que la misma se lleve a cabo. ¿Qué pasaría el día después si no hubiera acuerdo político con el Estado? Visto lo visto durante tantos años, no hace falta ser adivino para imaginar a ETA matando en nombre de la defensa de una presunta voluntad popular no atendida. La consecuencia de todo ello puede ser diabólica. No en nuestro nombre".

miércoles, julio 11, 2007

Agenda de la semana

Uztailak 11, asteazkena: Euskadi Irratiko tertulia politikoa Martin Barriuso eta Itxaso Atutxarekin (8.30)
13 de julio, viernes: Tertulia del programa Hoy por Hoy de la Cadena Ser, junto a Eduardo San Martín, subdirector del diario ABC (8.30)

martes, julio 10, 2007

Diez años sin Miguel Angel


Es difícil categorizar el horror, la angustia o el sufrimiento, sobre todo cuando se han acumulado tanto durante tantos años, pero a todos se nos rompió algo hace ahora justo diez años, cuando ETA secuestró al concejal del PP en Ermua Miguel Ángel Blanco. Fueron unos días muy soleados en Euskadi. Lo recuerdo como si fuera ayer. Las primeras noticias ya eran espeluznantes. Se trataba de dar otra vuelta de tuerca, de cometer un asesinato a cámara lenta, de chantajear al conjunto de la sociedad. En aquella ocasión la víctima era un chico joven, lleno de ilusiones y con toda la vida por delante. Miembro de una familia humilde de un municipio que ha tomado cuerpo con las aportaciones de la inmigración de los años 60, sobre todo de la que provenía de Galicia. La defensa de unas ideas, tan legítimas como todas las que prescinden de la violencia, le llevó a convertirse en víctima de ETA. Aquellas 48 horas de agonía, con todo el país movilizado exigiendo su puesta en libertad, marcaron un antes y un después en la percepción de la violencia. No es que la sociedad se comportara con mayor tibieza ante los crímenes cometidos hasta aquel momento, de ninguna manera, pero sí es cierto que la protesta, el clamor contra el terrorismo hermanaron como nunca a los ciudadanos en la calle. No pude contener el llanto cuando anunciaron en televisión que ETA había asesinado a Miguel Ángel Blanco. Una vez más, ante la total indiferencia de sus mentores políticos, a los que se les llena la boca hablando de derechos humanos, los terroristas actuaron con la mayor saña, sin ninguna piedad. Si algo se forjó en aquellos días fue la unidad sin fisuras frente al terrorismo, ante la sinrazón. Una unidad que siguen reclamando, sobre todo, quienes padecen día tras día el clima de opresión que persiste en Euskadi por sostener unos ideales muy básicos, los del respeto a la pluralidad, a la naturaleza diversa de la sociedad vasca, a una democracia en la que cabemos todos. Hoy hace una década que se llevaron a Miguel Ángel. En uno de los aniversarios de su asesinato, en el año 2000 si la memoria no me falla, tuve ocasión de acercarme hasta el camposanto de Ermua y visitar su tumba. Tras ser sometido a una tortura salvaje, ETA lo mató pretendiendo doblegar, de nuevo, a la sociedad vasca y española. Pero no lo consiguió. Ni lo conseguirá. Miguel Ángel dejó un hueco, otro más, que todos los que creen en la convivencia deben tratar de llenar cada día. Las víctimas son el mejor símbolo de los valores que los terroristas llevan décadas tratando de combatir. La unidad de todos frente a la brutalidad y el reconocimiento permanente son deudas imperecederas con todas ellas.

jueves, julio 05, 2007

Agenda de la semana

5 de julio, jueves: Tertulia política del programa Ganbara de Radio Euskadi, junto al director de Gara, Josu Juaristi (22.30)

Mesa redonda en Gernika

Esta tarde se celebra en Gernika una mesa redonda, organizada dentro de los cursos de verano de la Universidad del País Vasco, que versará sobre la Constitución y el proceso de paz en Euskadi. Entre los oradores, representantes de las formaciones políticas vascas, se encuentra Josune Ariztondo, secretaria del EBB del PNV. De su intervención, que he leído con atención e interés, destacaría la siguiente parte, que debé mover a la reflexión en una sociedad acostumbrada a establecer equidistancias perversas y tramposas. Ariztondo afirma lo que sigue: "¿Qué podemos hacer ahora las instituciones democráticas, los partidos, los agentes sociales, la inmensa mayoría ciudadana que ansía la paz? En primer lugar, involucrarnos personalmente en la defensa del derecho a la vida y a la integridad de las personas, denunciar su vulneración, y trabajar por el reconocimiento social y político de las víctimas. Porque hoy, en pleno siglo XXI nadie, ninguna fuerza política que pretenda actuar en democracia, puede justificar el uso de la violencia con fines políticos ni puede enmudecer y no denunciarla. Tampoco utilizarla con fines partidarios. En segundo lugar, hemos de profundizar en la democracia y trabajar para que la necesaria seguridad ciudadana merme al mínimo la libertad y proteja los derechos democráticos. Y, sobre todo, debemos deslegitimar el discurso de la violencia. El discurso, es decir, el argumento socialmente aceptado, es el oxígeno de los violentos, el que permite su pervivencia. Y hay en él un aspecto que quiero subrayar por su gravedad. Me refiero al sufrimiento. Y quiero ser clara en esta cuestión: las personas comprometidas con los valores cívicos y democráticos defendemos que los derechos deben ser protegidos por las instituciones democráticas y defendemos también que todos los sufrimientos deben ser paliados. Pero no es lo mismo un verdugo que sufre que una víctima inocente que sufre. Por eso, no podemos seguir invocando el sufrimiento indiferenciado para diluir las responsabilidades y difuminar la inocencia en una especie de culpa general. Si lo hacemos estaremos siendo profundamente injustos y, lo que es peor, estaremos aceptando el discurso de la violencia política con expresiones minimizadoras tales como “en ambas partes hay violencia” de modo que así nadie –o todos por igual- somos responsables. Esa especie de comprensión de los actos violentos contra inocentes víctimas, en un marco de sufrimiento general, es profundamente injusto y ayuda, como pocas cosas, a sostener el discurso de ETA. Quienes nos sentimos comprometidos con la cultura de la paz debemos pensar muy en serio sobre esta cuestión". Efectivamente, mucha gente debería reflexionar acerca de este particular. Empezando por Jone Goirizelaia, presente en la misma mesa que Ariztondo. Pero también algunos dirigentes políticos más, y no precisamente de Batasuna.

miércoles, julio 04, 2007

Desde el Congreso

Escribo desde el Congreso de los Diputados. Los grupos parlamentarios están presentando sus propuestas de resolución para la última sesión de mañana y ya se conocen también las enmiendas a las mismas. Básicamente, el PP pedirá la revocación de la resolución que la Cámara aprobó en mayo de 2005 habilitando el diálogo con ETA en ausencia de violencia y reiterará su petición de que se hagan públicas las actas de las reuniones entre el Gobierno y la banda terrorista. El PNV, por su parte, insiste en su habitual iniciativa, presentada cada año desde 2001, para que se cumpla en su integridad lo previsto en el Estatuto de Gernika. Lo nuclear del debate tuvo lugar ayer, con el duelo dialéctico entre el presidente Zapatero y Mariano Rajoy. El jefe del Ejecutivo se mostró en plena forma, exhibiendo sus logros económicos y sociales y dando por definitivamente cerrada cualquier tentativa de diálogo con ETA. Estuvo más seguro de sí mismo y más centrado que en años anteriores, mientras su oponente se aferraba únicamente al fallido proceso de paz y a las supuestas cesiones del Gobierno durante el mismo. Así como en años anteriores el presidente del PP estuvo más brillante e hilando más fino que el presidente, ayer tuve la sensación contraria. Rajoy perdió una buena oportunidad para presentar su propia alternativa ante las próximas elecciones generales y se enredó demasiado en una cuestión que, a estas alturas, requiere unidad y no aspavientos partidistas. El Gobierno socialista ha cometido errores, pero tiene en su haber una importante producción legislativa de carácter social. La ley de matrimonios homosexuales, la de dependencia o la que pretende combatir la violencia de género, entre otras, constituyen avances incontestables para ensanchar el espacio de los derechos civiles. Todo ello, junto a los logros económicos (buenos índices de crecimiento y de creación de empleo) deberían quedar como los ejes vertebrales de este cuatrienio. Es cierto que las grandes apuestas de Zapatero, el logro de la paz en Euskadi y la negociación para un nuevo Estatuto en Cataluña, han sido fallidas en todo o en parte, pero el PP no puede enquistarse de forma monotemática en estas cuestiones sin ver más allá. A estas alturas, el PSOE mantiene una óptima base electoral para superar en votos a los populares en las próximas elecciones generales y los resultados del pasado 27 de mayo no sirven de referencia por tratarse de convocatorias electorales de naturaleza y motivación movilizadora bien diferente. El presidente del Gobierno se sabe con muchas posibilidades de seguir ocupando el cargo. Y también es consciente de que sólo ETA puede amargarle estos próximos meses, a través de una estrategia diabólica para condicionar la convocatoria a las urnas.

domingo, julio 01, 2007

Citas


"Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema"

Winston Churchill (1874-1965)

Pintadas contra Imaz

Los cachorros de Batasuna suelen suplir su desinterés por los libros con su afición por las pintadas, sobre todo las que incluyen un nombre en el centro de una diana. La última víctima de ese hobby perverso ha sido el presidente del EBB del PNV, Josu Jon Imaz. No le perdonan que hable claro, que marque distancias respecto a quienes justifican y amparan la violencia, que pretenda introducir un discurso renovado en el nacionalismo vasco. Imaz se ha convertido en la encarnación de todos los males para quienes callan ante el humear de las pistolas y, precisamente por eso, representa la esperanza de una nueva forma de hacer política, sin equidistancias calculadas y ambiguedades perversas frente al terrorismo. El nacionalismo vasco debe reflexionar sobre su futuro, latiendo al unísono con el pálpito de la mayoría social vasca, sea del territorio que sea. Eso requiere, sin lugar a dudas, quitarse de encima todos los complejos de quienes miran de forma permanente a Batasuna, aligerar el peso histórico de las reivindicaciones permanentes y realizar una apuesta firme por ensanchar los espacios de los mínimos comunes denominadores en Euskadi como la mejor vía para la más auténtica y eficaz construcción nacional, la que tiene como eje permanente de actuación a la ciudadanía. Curiosamente, ese camino está lleno de referencias previas en el seno del propio PNV. No es de extrañar, por tanto, que los escritos y las pautas de actuación de muchos dirigentes históricos del nacionalismo durante el siglo XX suenen mucho más modernos que los sonsonetes que se repiten en la actualidad desde diferentes sectores. Imaz representa, en ese sentido, la esperanza de renovación en el seno del ámbito nacionalista. Y la izquierda abertzale lo sabe perfectamente. Para quienes se aferran a los viejos tótems, para quienes los territorios están por encima de las personas, para quienes el nacionalismo debe actuar siempre en términos de antítesis respecto a las culturas políticas que le son ajenas, para quienes ven a la izquierda abertzale como el hijo descarriado, pero hijo al fin y al cabo, y para quienes, en definitiva, leen la realidad actual con guiones del pasado, Josu Jon Imaz es un referente muy molesto. A la solidaridad personal que se le debe a todo el que sea amenazado, cabe sumarle, en esta ocasión, el reconocimiento por una labor política compleja y difícil pero imprescindible. Porque si el nacionalismo democrático no renueva su discurso tradicional sólo generará frustración permanente, incluso entre los suyos. Y también de esa frustración se alimentan los pintores callejeros.