jueves, enero 10, 2008

El comando de la T4

Por motivos de trabajo, en los últimos años he viajado mucho a Madrid, siempre en avión y normalmente con Iberia. Por tanto, descubrí la terminal 4 del aeropuerto de Barajas casi cuando se inauguró y aunque a veces resulte incómodo por las grandes distancias que obliga a recorrer, desde el primer momento me pareció una obra de ingeniería colosal y admirable. Cuando se han recorrido aeropuertos como los de La Guardia en Nueva York, Charles de Gaulle en París, Heathrow en Londres o el de San Francisco aún se valora más el simbolismo de esa terminal, a la altura de las mejores instalaciones aeroportuarias a nivel mundial. ETA no eligió al azar la T4. Sabía bien que atacaba uno de los iconos de la España pujante de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Cada vez que paso por la terminal no puedo dejar de acordarme del atroz atentado cometido en su parking el 30 de diciembre de 2006 y me vienen a la memoria Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, que fueron brutalmente asesinados allí. Aquel atentado se llevó por delante dos vidas humanas y, en segundo plano, las expectativas que pudieran existir de alcanzar la paz en Euskadi. El desdoblamiento propuesto en Anoeta nunca fue suficientemente interiorizado por la izquierda radical, que lo utilizó como máscara para hacer más digerible un proceso en el que ETA seguía pretendiendo imponer sus tesis a los partidos políticos representativos. Ahora se conoce quiénes fueron, presuntamente, los autores de aquel crimen. Y quiénes los que aparecieron en Aritxulegi en septiembre del mismo año, empuñando sus armas para amedrentar a la sociedad vasca. ETA nunca da ninguna oportunidad a sus víctimas. La izquierda abertzale calla ante los asesinatos y aplaude y reivindica a los asesinos una vez que son detenidos. Los terroristas mataron a sangre fría a Raúl Centeno y Fernando Trapero en Capbreton. ANV y el resto de satélites del mundo radical no debieron ver en aquella acción ninguna vulneración de los derechos humanos que reivindican para sí mismos. El Estado de Derecho se distingue de quienes lo combaten por el respeto que debe guardar en todo momento a la integridad física de todas las personas. Por eso, deben aclararse las situaciones irregulares de cada momento, porque ello redunda en la mejora de la calidad democrática de cualquier país. No vale la autocomplacencia, y debe imperar la máxima exigencia de transparencia por puro higiene democrático. Las propias víctimas han dado ejemplo permanente de su dignidad, exigiendo justicia sin tomársela por su mano en ninguna circunstancia. A los terroristas hay que detenerlos y ponerlos a disposición judicial para que cumplan la pena que les corresponda. Quienes llevaron la barbarie a la T4 y al parecer pretendían volver a atentar en Madrid están a punto de cruzar el umbral de la cárcel. Antes se llevaron por delante varias vidas. Fueron muertes absurdas, que sólo cobran algún sentido si quienes fueron asesinados son recordados y honrados como símbolos de la libertad y la democracia que quienes les arrebataron la vida pretenden atacar con sus acciones. Sus victimarios no deben recibir más que el repudio de una sociedad que lleva décadas pidiendo desenvolverse en paz y a la que ellos, además de generar tanto dolor, hacen caso omiso constantemente.   

1 comentario:

Anónimo dijo...

Te sigo a través de Radio Euskadi y ETB y me pareces, sin duda, uno de los periodistas más valientes y comprometidos del País Vasco. Mientras la mayoría guardan silencios miedosos o equidistancias intolerables, tú te pronuncias con la libertad que muchos te quieren coartar. Por eso, gracias.