lunes, enero 21, 2008

Elecciones generales (IV)

Sonrisas gélidas en el acto del PP sobre educación. Ya no es posible disimular los efectos devastadores del arrinconamiento del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, de las listas de esa comunidad autónoma. El daño ya está hecho y la imagen de los populares parece deteriorada sin remedio en lo que resta hasta las elecciones. La aparente incapacidad para integrar y ubicar correctamente entre los líderes de la formación a los dirigentes más centristas amenaza, a corto plazo, con taponar la más mínima posibilidad de que la formación de Mariano Rajoy logre la victoria el 9 de marzo y, con más largo alcance, pone en cuarentena la viabilidad de un proyecto moderado desde el PP. No se trata solamente de que personalidades como Josep Piqué, Jaume Matas o Alberto Ruiz Gallardón, incluso Javier Arenas en cierta medida, hayan perdido sus batallas internas o vean mermada su capacidad de influencia. La cuestión es mucho más de fondo. Apenas queda nada ya que recuerde a aquel PP encabezado por Aznar, principal mentor desde la sombra de la actual involución hacia posturas extremas, y que se decía en 1996 de centro reformista. Mientras el PSOE trata de trabajar su perfil más templado en los últimos meses, los populares parecen lanzados en la dirección opuesta. Ese viaje al extremo puede terminar rompiendo las costuras del partido. Desde la costosísima fusión de todo el centro-derecha español en las filas del PP éste parece el momento más delicado para la credibilidad de un proyecto que se reivindicaba moderno y centrista. Es muy probable, y ahora más que nunca, que Mariano Rajoy se vea obligado a dejar el liderazgo en manos de un sucesor tras el 9-M. El sector más conservador no parece dispuesto a realizar ejercicios de diplomacia para tomar el relevo. La brecha es cada vez más profunda y las consecuencias, impredecibles.   

No hay comentarios: