viernes, enero 25, 2008

La Justicia

En los últimos tiempos se ha generado un vivo debate en torno a la independencia de la Justicia. Se ha producido, precisamente, por el creciente y peligrosísimo intervencionismo político en los órganos judiciales, cuya autonomía es uno de los pilares fundamentales del Estado de Derecho. En consecuencia, denunciar esta situación no supone menoscabo del sistema democrático, sino garantía de que se quiere preservar de cualquier contaminación nociva para la separación de poderes. No hay formación política que no reconozca a estas alturas la peligrosa deriva que se está produciendo. Por ello, al margen de las cuitas partidistas, cada vez resulta más urgente que se adopten medidas concretas y eficaces que impidan el avance de la politización de la Justicia. Debieran ser los más interesados en ello los principales partidos, máximos responsables, aunque solo fuera por su grado de representatividad popular, en garantizar la esencia del modelo de Estado que preconiza la Constitución. Un esquema de equilibrio de poderes, con ámbitos de actuación bien definidos, y con una Justicia que no debe actuar al albur de intereses ajenos a su propia naturaleza marcada por la imparcialidad política y la absoluta sujeción al espíritu y a la letra de las normas legales vigentes emanadas de la soberanía popular. También los jueces y magistrados debieran alejarse de la tentación de actuar al calor del alineamiento ideológico. Tienen que ser los más interesados en prestigiar su labor ante la sociedad, aunque nunca falten, también entre ellos, quienes optan por la vía más rápida para ascender en el escalafón. Si los partidos, y en particular los que ocupan el poder en cada momento, favorecen la sumisión frente a la profesionalidad el sistema se estará quebrando sin remedio. Urge, pues, que tras las elecciones del 9 de marzo se comparta una reflexión serena sobre el particular para que los partidos abandonen, definitivamente, un campo que nunca les debió ser propio.

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