sábado, enero 19, 2008

León y Castilla

Este fin de semana se juega en la ACB el partido entre el Iurbentia Bilbao Basket y el Grupo Begar León. Por ello, durante toda la semana se han sucedido las crónicas previas al partido y los recordatorios de enfrentamientos de pasadas temporadas. Leyendo uno de los artículos he vuelto a darme cuenta de lo poco que se sabe sobre León fuera del antiguo reino, incluso en un territorio como el vizcaíno con el que siempre ha mantenido lazos muy fuertes a muchos niveles. En el texto, el periodista se refería al equipo leonés como el de "los castellanos", ignorando, al parecer, que en la actualidad León forma parte de una misma comunidad autónoma junto a una de las dos Castillas pero que, tal y como indica la conjunción copulativa que las vincula, se trata de dos realidades diferenciadas. Por tanto, los leoneses no son castellanos ni lo han sido nunca. Es bien llamativo el desconocimiento que pesa sobre una zona con una riqueza y una personalidad histórica como pocas, con una capital que es una auténtica joya e incluso con una lengua propia que trata de salir adelante poco a poco. Me siento muy vinculado a León por motivos afectivos, y trato de que sea conocido y valorado como se merece. Una parte de la sociedad leonesa se queja, y creo que con argumentos que se han de tomar muy en cuenta, de que la configuración autonómica actual la ha relegado a una posición de invisibilidad territorial y servidumbre económica. No es una percepción victimista ni insolidaria la que se oculta tras ese diagnóstico, sino la constatación de que el mapa autonómico, que se configuró de modo un tanto caprichoso en algunos casos, no fue muy benévolo con los intereses de los leoneses. Por eso León está hoy muy necesitada de promoción económica o turística, cuando cuenta con un gran potencial en los dos ámbitos y en muchos otros. A modo de simple anécdota, una ciudad que llama "hostal" a una auténtica maravilla arquitectónica como es San Marcos tiene que guardar, por fuerza, mucha confianza en sí misma. Ojalá esa confianza se proyecte en un futuro prometedor para una tierra fecunda como pocas, que debería tener un lugar entre los mejores. Merece la pena acercarse a León a descubrir una capital monumental, una gastronomía exquisita, unos paisajes maravillosos y unas gentes acogedoras y entrañables. Quien vaya querrá volver. Y comprenderá por qué el de León fue uno de los reinos más importantes de la península y por qué se merece recobrar un protagonismo que nunca debió perder.  

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