martes, febrero 05, 2008

El Supermartes

Hoy se decide, en buena medida, la suerte de los aspirantes demócrata y republicano a la presidencia de los Estados Unidos. La nominación del partido en el poder parece ya decantada para John McCain, por quien nadie daba un dólar hace unos meses. Sólo los increíbles errores de cálculo y una indolencia inexplicable por parte del que fuera alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani pueden explicar que McCain vaya a llegar tan lejos. Hace ocho años también lo intentó, pero cosechó un sonoro fracaso ante George W. Bush. McCain no gusta al sector ultraconservador que en su día apoyo al presidente, ya que es considerado excesivamente liberal e impredecible. De hecho, el senador por Arizona no ha dudado en alinearse con los demócratas a la hora de denunciar, por ejemplo, las condiciones de los presos en Guantánamo. No en vano, McCain fue hecho prisionero durante la Guerra de Vietnam y sometido a torturas durante seis años y mantiene una especial sensibilidad en lo que se refiere a la salvaguarda de los derechos humanos. Juega en su favor la posibilidad de que en noviembre le voten ciudadanos de orientación liberal y centrista, ya que a pesar de ser republicano como Bush supone en cambio de orientación, aunque por contra no genere entusiasmo en muchos de quienes controlan importantes resortes de poder en el conocido como Great Old Party. Tampoco le favorecen ni su edad -si llegara a la presidencia tendría ya 72 años, superando en dos al propio Ronald Reagan- ni su frágil estado de salud, como consecuencia del cáncer de piel que padece. Con los republicanos preparados para arropar a McCain tras el progresivo desfondamiento de los ultraconservadores Romney y Huckabee, la única pugna que concita interés es la que enfrenta a Hillary Clinton y a Barack Obama. Resulta innegable que en el Partido Demócrata existe un sector de peso creciente dispuesto a romper amarras con lo establecido. Howard Dean fue, en cierta forma, su representante hace cuatro años y el senador Obama lo es en la actualidad. Ese grupo, que reúne a muchos jóvenes, busca nuevos horizontes para el país desde posiciones no sujetas a los tradicionales esquemas de poder de la formación. Ofrece un discurso más rompedor e ilusionante y con menos hipotecas internas. Sin embargo, parece que, como sucedió con Dean, que también tuvo sus días de gloria en 2004, a Obama le va a faltar el último impulso para hacerse con la nominación. Hillary Clinton tiene, seguramente, más posibilidades que el senador negro para alzarse con la victoria frente a McCain, que es lo que importa de verdad, y un discurso más sólido fruto de su experiencia. Puede suceder que el Supermartes, que suele dejar la carrera vista para sentencia, no aclare del todo el nombre del vencedor entre los demócratas en esta ocasión, aunque lo más lógico es que sea Clinton la que cobre cierta ventaja. A partir de ahí, empiezan las especulaciones. ¿Por qué no un ticket demócrata para las elecciones con Hillary para presidenta y Obama como vicepresidente? La próxima cita electoral marcará un hito en la historia norteamericana gane quien gane la candidatura demócrata pero no cabe descartar en absoluto que lo haga, incluso, por partida doble.

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