jueves, febrero 21, 2008

Elecciones generales (IX)

Por fin llega la campaña electoral. Tras los interminables prolegómenos, cuesta creer que queden muchas promesas en la chistera. El núcleo de los mensajes de cada formación ya se conoce bien a estas alturas y resta por ver cómo se desarrollan a lo largo de los próximos quince días las iniciativas expuestas hasta el momento. La igualdad en los resultados que anuncian las diferentes encuestas hace que cada gesto, cada declaración, cada promesa, cada error o acierto y, ni qué decir tiene, cada debate entre los dos principales candidatos cobre una importancia casi crucial. No obstante, a pesar del virtual empate reflejado por la demoscopia, es el PSOE el que empieza la carrera con cierta ventaja, por mínima que sea. En cualquier caso, Rajoy se está mostrando más incisivo hasta el momento y sólo el temor de buena parte de la ciudadanía de sensibilidad progresista a una posible vuelta al poder de gente como Acebes o Zaplana puede engordar la cuenta de resultados de los socialistas el 9 de marzo. El presidente Zapatero no está acertando a hora de transmitir entusiasmo a su electorado potencial y en demasiadas ocasiones aparece a la defensiva. Los nubarrones que se ciernen sobre la situación económica y el reflejo que ello empieza a tener en los bolsillos de muchos ciudadanos contrastan con el optimismo de un Gobierno que debería ser más prudente a la hora de confrontar la macroeconomía con lo doméstico. De todas maneras, tampoco le será fácil al PP convencer a buena parte de los votantes de que es un partido que prioriza lo social o defiende con particular entusiasmo los intereses de los asalariados. Afortunadamente, parece que el resultado electoral se va a decidir en buena medida en cuestiones que atañen directamente al común de los ciudadanos y no como consecuencia de un interminable cruce de reproches absurdos, y lesivos para los intereses que PSOE y PP dicen defender, sobre la política antiterrorista o la unidad de España, por ejemplo.      

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