sábado, febrero 02, 2008

Elecciones generales (VI)

La "orientación" de voto de la jerarquía católica resulta de una torpeza infinita no sólo de cara a los propios fieles. Lo es también desde la perspectiva de la defensa eficaz de los intereses políticos que, según parece, desea salvaguardar la Iglesia. La victoria del PSOE en las elecciones del 9 de marzo se deberá apuntalar, sobre todo, en una importante movilización de los electores. Dicen los expertos que sin una participación mínima del 70%, los socialistas tendrán enormes dificultades para alzarse con la victoria. El PP tiene un electorado más fiel que, además, lleva mucho tiempo movilizado frente a distintas políticas puestas en práctica por el Gobierno. A una parte de la izquierda le cuesta más acudir a las urnas. Lo hace en masa en determinadas ocasiones, cuando se siente agredida. Y la intervención de los obispos atacando al Ejecutivo socialista sin disimulo puede provocar una reacción en cadena. Nadie con datos en la mano puede sostener que en la legislatura que acaba de terminar el Gobierno haya descuidado sus relaciones con la Iglesia católica. Los acuerdos en el ámbito de la financiación son una buena prueba de que Zapatero se ha esforzado en evitar los enfrentamientos. A pesar de ello, en el tramo final hacia los comicios, la jerarquía eclesiástica se ha lanzado a desgastar al Ejecutivo y a respaldar en la práctica las actuaciones del PP. El presidente se mostraba partidario ayer de revisar las relaciones con la Iglesia. Curiosamente, la victoria socialista que llevará a esa reflexión durante los próximos cuatro años puede llegar, en cierta medida, de la falta de perspectiva de unos obispos ultramontanos. Sus manifestaciones públicas están orientando a muchos votantes, efectivamente, pero en su contra.     

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