martes, febrero 12, 2008

Elecciones generales (VIII)

A la espera de si finalmente hay acuerdo entre el PSOE y el PP sobre los debates electorales en televisión, Cuatro ha ofrecido en los últimos días sendas entrevistas con José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy realizadas por Iñaki Gabilondo. El jueves pasado, el presidente del PP hizo su habitual discurso catastrofista pero llegó al espectador mejor que su principal contrincante. Mostró una mayor energía a la hora de defender sus argumentos y pareció estar más seguro de sí mismo ante las cámaras que el presidente del Gobierno. Todo ello, a pesar de ser consciente de que comparecía en una cadena no afín y de que su entrevistador le hizo un marcaje en corto. A pesar de la falta de concreción de algunas de las ideas principales que ha lanzado a lo largo de la precampaña, Rajoy parecía seguro de sí mismo y capaz de hacer frente a las preguntas más comprometidas. El tono de la entrevista con Zapatero de ayer fue bien distinto. El jefe del Ejecutivo se alargó en exceso en la mayoría de sus respuestas y ofreció una visión tan edulcorada de la realidad que a veces parecía no tener del todo los pies en el suelo. Su visión de la realidad en Euskadi es una buena muestra. Afirmó con rotundidad que el fin del terrorismo está más cerca que antes del proceso de paz, que ETA está más debilitada y que el 99% de los vascos rechazan la violencia. Para cualquiera que viva a pie de calle en el País Vasco tales aseveraciones parecen excesivamente optimistas. El PP le pisa los talones en las encuestas y, a pesar de defender la alegría en la acción política, Zapatero deberá mostrarse más audaz y decidido de aquí al 9-M para alejar el riesgo de verse superado en el último tramo de la campaña por los populares. Los de Rajoy están echando mano del populismo, haciendo un hueco importante en su agenda a cuestiones como las de la inmigración y la seguridad ciudadana, que preocupan a amplios sectores sociales, y, a pesar de hacerlo de forma demagógica, están sabiendo marcar el ritmo mientras el PSOE se muestra un tanto timorato y poco pedagógico en la defensa de sus planteamientos. El Gobierno ha tenido un problema muy importante de comunicación a lo largo de la legislatura y el propio presidente parece a veces presa de ese déficit. Si quiere movilizar a su electorado, y parece que va a tener necesidad de hacerlo, tendrá que mostrarse más contundente y menos risueño.          

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