lunes, febrero 18, 2008

Kosovo y Euskadi

El parlamento de Kosovo declaró ayer a las 15.48, de forma unilateral y por unanimidad, la independencia de esa provincia serbia. Esta mañana los quince países integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU no han sido capaces de establecer una posición común ante el nacimiento del que sería el estado número 193 del mundo. Francia, Estados Unidos, Reino Unido y Alemania, principales valedores internacionales de la declaración del legislativo kosovar, continúan trabajando para allanar el camino del reconocimiento de la independencia, aunque están encontrando importantes resistencias encabezadas, principalmente, por Rusia. Serbia rechaza de plano cualquier tipo de compromiso basado en la división de su territorio y países como España o Chipre también se han negado a dar su beneplácito a lo aprobado en Pristina pensando, sobre todo, en sus respectivas situaciones internas. Kosovo era parte de Serbia desde el siglo XIII y fueron las migraciones y las guerras las que dieron la mayoría a la población musulmana a comienzos de la pasada centuria. La chispa del desencuentro comenzó a prender cuando Slobodan Milosevic, entonces máxima autoridad serbia, acabó con la autonomía kosovar, provocando la creación de la guerrilla separatista UCK en 1997-98 y los bombardeos de la OTAN sobre Belgrado en 1999. Una vez caído el régimen de Milosevic, Kosovo ha permanecido sin entidad jurídica definida, administrado por la ONU y protegido por 16.000 soldados de la Alianza Atlántica. Con la separación de Kosovo culmina, en principio, la desmembración de Yugoslavia, aunque abre, precisamente, un escenario imprevisible en Bosnia-Herzegovina, donde el mantenimiento de los frágiles acuerdos de Dayton de noviembre-diciembre de 1995 se antoja extremadamente difícil por la pretensión de los serbios, avivada por la declaración kosovar de independencia, de optar por su segregación de un país del que controlan más del 50% del territorio. En definitiva, el de ayer puede no ser el último capítulo del drama balcánico, sino uno más. El enrocamiento casi obligado de Serbia puede alejarle de la Unión Europea a pesar de la reciente y agónica victoria electoral del proeuropeo Boris Tadic y ser caldo de cultivo para quienes apuestan por el radicalismo en ese país, que no son pocos. Nada más concretarse la independencia de Kosovo muchos focos se han puesto a mirar a Euskadi. Las declaraciones del presidente ruso, Vladimir Putin, advirtiendo del precedente kosovar para el caso vasco han levantado ampollas en España. Mientras, desde el ámbito nacionalista y del tripartito de Vitoria se saluda el nacimiento del nuevo estado como prueba inequívoca de que la aplicación del derecho de autodeterminación está perfectamente vigente en Europa en 2008. Al margen de esa declaración de principios, quien pretenda establecer paralelismos entre Kosovo y Euskadi se verá obligado a utilizar la brocha más gorda porque hasta el más miope de los observadores podría detectar, desde lejos, innumerables diferencias, lo cual no es obstáculo para que cada cual defienda las posiciones que desee para el futuro de los vascos. Se pueden mencionar las más evidentes. La primera diferencia es la histórica, ya que la de Kosovo es una división más dentro de la implosión de un Estado como el yugoslavo que dio origen, además, a guerras y a operaciones de limpieza étnica. En segundo lugar, el juego de mayorías no permite, tampoco, establecer comparaciones. La apuesta independentista ha sido unánime entre los kosovares y en Euskadi ni lo es ni lo ha sido nunca. Es más, ni siquiera existe acuerdo para llegar a conformar una única comunidad autónoma entre la CAV y Navarra, dentro de lo permitido por la legalidad vigente. El sentimiento nacional vasco es minoritario en Álava y Navarra, y más aún en Iparralde. Quienes apuestan por la independencia de Euskadi tendrán que explicar cómo pretenden hacer viable su reivindicación con ese panorama tan diverso. Las instituciones actuales, además, cuentan con plena legitimidad ciudadana en el caso vasco y representan, perfectamente, las diferentes sensibilidades que coexisten en la sociedad. Las relaciones entre Euskadi y España y la mutua influencia de unos sobre otros nada tienen que ver, tampoco, con las de Kosovo y Serbia. Lo ocurrido en el nuevo país balcánico es una buena prueba de lo que puede ocurrir cuando un estado pretende anular a una de sus partes con personalidad propia y diferenciada. En Euskadi, por ejemplo, el proceso de deslegitimación del Estado se aceleró en gran parte del siglo XX justo cuando los regímenes autoritarios de cada momento pretendían ahogar la expresión más básica de lo vasco. A partir de ahí, en democracia todas las opciones deben estar abiertas por si algún día una mayoría amplia, homogénea e indiscutible de un país opta por determinado camino. Pero eso sólo se producirá si el estado de turno actúa de una manera tan equivocada y ciega que genere un desafecto irreversible. Eso no ha sucedido hasta ese nivel en el caso vasco y mucho menos en todos los territorios de Euskal Herria. Por tanto, se imponen soluciones de compromiso. Si la voluntad ciudadana fuera en esa dirección, crear órganos de cooperación entre la CAV y Navarra y formar una eurorregión con un hipotético Departamento vasco en Francia sería un paso histórico que permitiría aunar o superponer una visualización de la pluralidad de lo vasco o vasco-navarro con el respeto hacia el statu quo vigente, sin necesidad de romper nada y creando instrumentos de colaboración eficaces. Ese es el punto en que se encuentra Euskadi y el horizonte real que puede tener. Los paralelismos con Kosovo están muy bien para alimentar a determinados electorados y para hacer política-ficción, pero nada tienen que ver con la realidad, con la terca realidad de los vascos.

2 comentarios:

Dani dijo...

Hola Joseba,

no estoy de acuerdo con eso que dices de los paralelismos: ¿Qué debe ocurrir para que algún país se parezca a Euskadi? ¿Ha de haber mil muertos?

No se trata de comparar históricamente a Kosovo con EH, ¿o acaso se parece Kosovo a Irlanda del Norte, Sahara, Montenegro o Escocia?

El nexo común de todos estos casos es la libre determinación de sus ciudadanos y su aplicación, y eso ya es bastante similitud, no?

Joseba Arruti dijo...

Cada zona tiene sus propias dinámicas políticas y, desde luego, las de Euskadi tienen características bien propias. Entre ellas está la división territorial, el peso histórico de cada territorio en la configuración del país y en decidir su futuro y el peso muy desigual de las formaciones nacionalistas en el conjunto de EH. Sin olvidar, claro está, los más de 800 muertos provocados por ETA, que distorsiona absolutamente todo el panorama. Si alguien cree que en Euskadi se dan seriamente las condiciones para un proceso soberanista tendrá que explicar con qué mimbres pretende impulsarlo, con qué mayorías, en qué territorios y, seguramente, no le saldrán las cuentas.