viernes, febrero 01, 2008

Una vez más, la Iglesia

La jerarquía católica española lleva meses desarrollando una feroz campaña contra el Gobierno socialista. No sólo a través del medio de comunicación de su propiedad, la cadena Cope, sino, sobre todo en las últimas semanas, ya de forma directa y sin tapujos. En la concentración en favor de la familia cristiana del 30 de diciembre se dibujó un panorama devastador de la realidad española: aborto por doquier, riada de divorcios, desintegración del modelo tradicional de familia, degradación de la democracia, gays corruptores a mansalva influyendo de forma determinante en la acción de gobierno y lucha sin cuartel de Zapatero y sus secuaces contra los valores fundamentales del catolicismo. De aquellos mensajes apocalípticos deriva, directamente, la "orientación" dada a conocer ayer mismo por la Conferencia Episcopal de cara a las elecciones del 9 de marzo. No se puede votar por quienes defienden la asignatura de Educación para la Ciudadanía y es un peligro poner a los hijos de las familias decentes en manos del Estado. Por lo tanto, la Iglesia desprecia, como siempre, la enseñanza pública y concentra todas las virtudes en la suya, en la que controla. No importa que en la primera se busque o se deba buscar la promoción de los valores constitucionales de libertad e igualdad. Es preferible que a los niños se les inculquen otros valores que, en más de una ocasión, chocan con los recogidos en la Carta Magna. El Estado representa un peligro para la infancia y la juventud a través de instrumentos nocivos como Educación para la Ciudadanía, pero la Iglesia asegura, por el contrario, el bienestar moral y ético de los alumnos. Ese es el mensaje. La homosexualidad es una enfermedad, los divorcios son producto de una sociedad sin principios, todas las mujeres abortan por capricho y, por supuesto, sólo los socialistas son capaces de negociar con terroristas. Es lo que se piensa en la jerarquía eclesiástica, aunque no siempre se diga con esa claridad. Y es lo que quieren transmitir a las nuevas generaciones, en vez de hacer hincapié en la radical igualdad de las personas al margen de su origen, sexo, religión u orientación sexual. Es curiosa la mención que hace el documento del terrorismo. Se les olvida citar el papel que la propia Iglesia católica ha jugado en la mediación entre algún Gobierno de España y ETA. Cuando Jaime Mayor Oreja era ministro del Interior, el entonces obispo de Zamora y hoy de San Sebastián, Juan María Uriarte, le ayudó a contactar con los terroristas y a sondearles. En aquel entonces se trataba de loables esfuerzos por la paz, incluso cuando se acercó a decenas de presos a Euskadi. Hoy todo es cesión y pago de precios políticos. Predicar una cosa y actuar de forma bien distinta ha sido una constante en la actuación de la cúpula eclesiástica durante siglos, y sigue siéndolo. La doble moral, unida a intereses políticos, justifica un día lo que se condena al siguiente. Afortunadamente, la Iglesia es muchísimo más que la jerarquía. Porque, al parecer, para esta última en su seno sólo tienen cabida los que votan a una determinada opción política.         

No hay comentarios: