lunes, marzo 03, 2008

Elecciones generales (XIV)

Hoy es el último día para publicar encuestas sobre intención de voto. Las que se han dado a conocer conceden una ventaja de entre cuatro y seis puntos al PSOE. Alguna de ellas incluso coloca a los socialistas al borde de la mayoría absoluta. En esas condiciones, a Zapatero le puede bastar con salir airoso del debate de esta noche. En todo caso, quedan cinco días de campaña y la situación puede fluctuar lo suficiente como para que nadie se confíe. La clave estará en la participación. Si se sitúa por encima del 75%, el actual inquilino de La Moncloa tendrá buenos motivos para ser optimista. Con la atención puesta en el nombre del ganador, la campaña está pasando en Euskadi sin pena ni gloria. Los sondeos pronostican que la única variación respecto a 2004 consistirá en que el PP verá mermada su representación en un escaño por Bizkaia, justamente el que este territorio ha perdido por su menor peso demográfico. PNV y PSE-EE podrían repartirse siete escaños cada uno, el PP se llevaría tres y EA un acta en Gipuzkoa. En Navarra tampoco se prevén modificaciones: dos para UPN, otros dos para PSN y uno para Nafarroa Bai. La poca opción para los cambios ha llevado a los partidos a desarrollar un perfil bajo, conservador. Los jeltzales hacen hincapié en el derecho a decidir y en la influencia del Grupo Vasco en un Congreso sin mayorías absolutas, mientras que socialistas y PP pretenden reducir las opciones reales a las suyas propias y EA va por libre, pretendiendo aglutinar el voto independentista aprovechándose de la ausencia forzada de Batasuna y sus sucedáneos. Todos son conscientes de que la verdadera batalla por el futuro del marco de autogobierno se jugará fundamentalmente en próximas contiendas, en unas autonómicas que pueden estar cerca por ejemplo, aunque no hay que despreciar la relevancia de los comicios del domingo en esa pugna. El resultado no es intrascendente. No sólo sirve para medir la diferencia entre el arrastre del voto de Zapatero y el del PSE-EE en otro tipo de consultas electorales. Las oscilaciones en el voto reflejan una sociedad plural, políticamente mestiza en algunos casos, que adecua sus preferencias en función de lo que hay en juego. En ese sentido, a la luz de esa realidad diversa, los partidos deberían ser más conscientes que nunca de la necesidad de lograr acuerdos amplios, transversales e integradores respecto a la renovación del marco estatutario. Es la única garantía de satisfacción para una mayoría sólida, que se convierta en el motor de una nueva etapa de avances fructíferos. Esa reforma de calado no puede posponerse de manera indefinida y el próximo presidente del Gobierno debe comportarse con audacia. Dejar que la situación política se pudra en Euskadi es garantía de radicalización y enfrentamiento y en ese tipo de situaciones sólo se benefician los que en esta ocasión apuestan por la abstención "activa". Desde ese punto de vista, la mejor conclusión de las elecciones del domingo en Euskadi sería la que incida en la necesidad de un diálogo franco y leal entre las grandes opciones políticas para superar un impasse que genera frustración y enfrentamiento estéril.   

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