jueves, marzo 27, 2008

Notas al margen

José Bono presidirá el Congreso desde el próximo martes. Su designación llega precedida de polémica, tanto por la fuerte personalidad política del aspirante como por las consiguientes reservas de las formaciones nacionalistas hacia su nombramiento, que han quedado condensadas en las palabras del portavoz del Grupo Vasco, Josu Erkoreka, quien llamó "cabestro" al ex ministro de Defensa. Al margen de lo que Bono piense sobre los nacionalismos, aunque de forma paradójica él mismo peque de nacionalista furibundo, la duda más relevante es si alguien con su tendencia a magnificar las diferencias en vez de a tender puentes puede ser la persona más adecuada para presidir la Cámara Baja. Manuel Marín ha llevado a cabo una gran labor en los cuatro años anteriores y lo ha hecho, además, en unas condiciones bien difíciles por el nivel de crispación imperante en el ambiente político. Se prescinde de una persona con esas cualidades para dar el relevo a quien se ha venido destacando por sus pronunciamientos altisonantes y, en demasiadas ocasiones, innecesarios. Bono no fue el 9 de marzo un revulsivo para su partido en su circunscripción electoral y tampoco parece que pueda serlo para el buen gobierno del Congreso de los Diputados.   

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