miércoles, marzo 12, 2008

Rajoy se queda

El presidente del PP, Mariano Rajoy, ha cortado de cuajo todas las especulaciones acerca de su futuro político anunciando que se presentará a la reelección en el congreso que su partido celebrará en junio. Para que no queden dudas, ha añadido que pretende volver a ser el candidato popular a la presidencia del Gobierno en 2012. Sorprenden esas palabras tras su actuación en el balcón de la sede de Génova el pasado domingo. La exégesis de su intervención apuntaba a un candidato cansado tras la derrota, decepcionado, y dispuesto a marcharse. Su enigmático y enfático "adiós" final y el rictus de tristeza no disimulada de su esposa Elvira parecía reforzar esa tesis, que quedó aún más confirmada después de que el presidente del PP estuviera desaparecido todo el lunes. Sin embargo, cuando sus principales sostenes mediáticos empezaban a darle por amortizado, ayer por la tarde Rajoy sorprendió a propios y extraños aferrándose al liderazgo del centro-derecha español. El tiempo dirá si acierta o se equivoca pero, en principio, bien podría decirse que yerra. No parece lógico que continúe en su cargo quien ha perdido dos elecciones generales consecutivas. Cierto es que tanto Felipe González como José María Aznar pasaron por idéntico trance pero lo hicieron en circunstancias bien diferentes, cuando sus partidos se estaban consolidando en su carrera hacia el poder, y no cuando venían de disponer de mayoría absoluta. Rajoy ha descalificado continuamente al presidente Zapatero, tildándolo casi de inútil, de incapacitado para el desempeño del cargo. Al margen de sus capacidades, que parecen ser muy superiores a las reconocidas por el líder del PP, es cierto que el jefe del Ejecutivo se ha tenido que enfrentar a una primera legislatura convulsa, con cuestiones tan delicadas sobre la mesa como el proceso de paz en Euskadi o las reformas territoriales, de forma singular la renovación del Estatut catalán. Pues bien, ni el continuo descrédito vertido sobre el presidente del Gobierno ni los enormes desafíos a los que éste se ha visto obligado a hacer frente han sido suficientes para que Rajoy ganara las elecciones. Desde ese punto de vista, su solidez como líder político ha quedado en entredicho. Utilizando una expresión del propio candidato del PP, no ha sido capaz de ganar en las urnas ni siquiera al "peor presidente del Gobierno" desde la etapa de la transición a la democracia. Parece un pobre bagaje para pretender continuar en la presidencia del PP. Rajoy tampoco tiene credibilidad para cambiar el rumbo de su partido hacia posiciones más moderadas, después de cuatro años de practicar una política extremista, haciéndose eco de falsedades como las que pretendían vincular a ETA con el 11-M, presentando al Gobierno como una especie de defensor de la banda terrorista por intentar lograr la paz sin precio político, acusando al propio Zapatero de despreciar a las víctimas o anunciando una inminente ruptura de España que no sólo no ha llegado sino que parece más improbable que se produzca en el futuro inmediato tras quedar desactivadas formaciones como ERC a las que Aznar dio aliento en su día con sus excesos. Rajoy está inhabilitado para encabezar una nueva etapa en el PP. Sabe que su formación sólo aspirará a ser alternativa real de gobierno desde posiciones centradas, como ocurrió el año 1996. Cuanto más se escore a la derecha extrema más movilizará a los suyos, pero también a los contrarios. Sólo un PP que penetre en capas amplias del centro político y no asuste al centro-izquierda estará en disposición de ganar unas elecciones. Y ahora mismo está lejos de ese escenario. Un nuevo impulso que llegue gracias a un liderazgo renovado y un cambio en la forma de hacer política volviendo a la moderación de hace doce años es el mejor camino para que el PP deje de conformarse con tener un suelo muy sólido sobre el que sólo aspira a acariciar el poder sin llegar a tocarlo a manos llenas. Rajoy está cada vez más identificado con el pasado. Parece dispuesto a prescindir de Ángel Acebes y Eduardo Zaplana como si él no hubiera tenido nada que ver con las estrategias que han impedido ganar al PP. Debería asumir su propia responsabilidad y abrir la puerta para que otros aspirantes, no elegidos a dedo como él, se postulen ante la militancia y se enfrenten a Zapatero sin tantas hipotecas. 

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